Después de mi último post han pasado bastantes cosas en mi vida. La primera y más importante es que estuve un mes en mi tierra. Lo que recuerdo ahora fue cuando llegué a Barajas. Allí me sucedieron dos cosas muy curiosas. La primera fue lo corto que llevaban los pantalones las chicas (ahora se lleva tan corto que es preciso que se vea algo de la nalga); lo segundo fue que ahora hay billetes de 5 euros nuevos y que yo desconocía.
Mi estancia en mi pueblo en Ondara fue increíble. Fue una mezcla de alegría y de extrañeza. Lo que más me gustó fue notar la alegría de la gente al verme, fueran o no amigos. Por un momento me sentí el chico más importante del mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, me sentía desubicado, raro...a pesar de que nada había cambiado, a pesar de que pareciera que nunca me hubiera marchado.
El mes en Valencia y en Ondara se resume en lo siguiente: playa, relax, comer, beber y entrenar. También tuve de tiempo de ir a Madrid a tramitar mi visa para volver a México y de ver a bastante gente. Fue corto pero intenso.
Y vosotros diréis, ¿finalmente conseguiste la visa? Siempre he dicho que en México me suceden cosas surrealistas. Y una de ellas fue que me hicieron una oferta de trabajo justo el día que me iba a Valencia. La empresa me dijo que me harían los papeles y que aprovecharían mi viaje para tramitar mi visa en un consulado de México en España. Y así fue. El tiempo que tardé en que me dieran la visa fue el tiempo que estuve en mi tierra.
El regreso al DF fue muy diferente al de la primera vez. Ya conoces la ciudad, ya te ubicas, ya conoces a gente. Nada que ver con el 6 de septiembre de 2012, una fecha que tengo guardada en mi memoria para siempre. Llevo una semana aquí y se resume en lo siguiente: empezar en el nuevo trabajo y comenzar a vivir en una nueva casa. Ahora estoy en la Colonia Roma, cerca de donde vivía anteriormente. Siempre ha sido la colonia que más me ha gustado, no solo por el ambiente, sino también por la arquitectura de las casas. Lo único malo es que es la zona donde más se sienten los temblores. Vivo en una planta baja.
De nuevo he vuelto a oler comida en la calle, a cruzar las calles en plan kamikaze y a correr en altura. Pero, sobre todo, he vuelto a mojarme cada tarde con la lluvia. Por cierto, finalmente no puedo correr el Maratón de Berlín por el trabajo, pero lo más seguro es que me apunte para correr el de Roma en marzo. Yo, de momento, sigo entrenando por las calles de una ciudad, México DF, con tantos contrastes que no solo son difíciles de explicar, sino también en algunos momentos te atrapan. Seguiremos informando.
Blog personal en el que hablo de mi experiencia como emigrante en México y como responsable de Marketing Digital.
Visto y no visto
Etiquetas:
Ciudad de México,
Colonia Roma,
correr,
crisis,
DF,
emigración,
emigrante,
España,
Madrid,
Maratón de Berlín,
México,
Ondara,
Valencia,
viajar
Un hasta luego
El otro día leí que México es actualmente el país con mayor índice de obesidad. No sé si sorprenderme o no. Lo que sí me sorprende (y mira que ya llevo 10 meses en el país) es que nadie bebe agua. Cuando en un restaurante o en un bar de comida corrida te dicen si quieres agua, lo más normal es que ellos entiendan que sea agua con sabores.
Tampoco sé si sorprenderme cuando veo a un chico que le dice a su novia que cruce sus piernas cuando está sentada o que un señor que conduce un coche me saque el dedo porque estoy cruzando por el paso de peatones. Son situaciones y momentos que me dejan sin palabras.
Al principio también me sorprendió que en las paradas en las que venden dulces, revistas y periódicos uno puede comprar un solo cigarro y fumárselo, o encontrarme árboles con su tronco lleno de chicles masticados. Y no me pasó desapercibido el hecho de que alguien me parara y me dijera si realmente no soy Alejandro Sanz.
Son historias que echaré de menos a partir del 22 de julio. Ese día regreso a Valencia y no sé qué haré con mi vida. No tuve suerte en mi primer intento en México, pero quiero persistir y posiblemente esté de nuevo por aquí. No mentiré si digo que lo he pasado mal en ciertos momentos, sobre todo cuando ves que nada sale bien, que parece que alguien la tenga tomada contigo para que no seas feliz. A esto se suma la nostalgia. La verdad es que no sé cómo he podido aguantar 10 meses. Posiblemente sea porque soy cabezón. Lo que sí es cierto es que ha sido y es una experiencia personal increíble.
Lo bueno de todo es que cuando esté en Valencia voy a desdramatizar muchas cosas. Estoy seguro que me harán gracia muchas cosas que antes les daba importancia. Por ejemplo: tener un coche. En 10 meses no he conducido y no me he muerto. Veré el mundo de otra manera y apreciaré aspectos y cosas que antes no hacía. Lo dije un día a mis amigos: no seré la misma persona que cuando me marché.
La idea es volver porque sé que en Valencia no voy a encontrar nada y no quiero estar en casa mirando a la pared. En México hay trabajo: podrá ser mejor o peor, pero lo hay. Así que primero disfrutaré del verano con mi gente, me seguiré preparando el Maratón de Berlín que se celebra a finales de septiembre y después, lo más probable es que vuelva al DF. Seguiremos informando.
Tampoco sé si sorprenderme cuando veo a un chico que le dice a su novia que cruce sus piernas cuando está sentada o que un señor que conduce un coche me saque el dedo porque estoy cruzando por el paso de peatones. Son situaciones y momentos que me dejan sin palabras.
Al principio también me sorprendió que en las paradas en las que venden dulces, revistas y periódicos uno puede comprar un solo cigarro y fumárselo, o encontrarme árboles con su tronco lleno de chicles masticados. Y no me pasó desapercibido el hecho de que alguien me parara y me dijera si realmente no soy Alejandro Sanz.
Son historias que echaré de menos a partir del 22 de julio. Ese día regreso a Valencia y no sé qué haré con mi vida. No tuve suerte en mi primer intento en México, pero quiero persistir y posiblemente esté de nuevo por aquí. No mentiré si digo que lo he pasado mal en ciertos momentos, sobre todo cuando ves que nada sale bien, que parece que alguien la tenga tomada contigo para que no seas feliz. A esto se suma la nostalgia. La verdad es que no sé cómo he podido aguantar 10 meses. Posiblemente sea porque soy cabezón. Lo que sí es cierto es que ha sido y es una experiencia personal increíble.
Lo bueno de todo es que cuando esté en Valencia voy a desdramatizar muchas cosas. Estoy seguro que me harán gracia muchas cosas que antes les daba importancia. Por ejemplo: tener un coche. En 10 meses no he conducido y no me he muerto. Veré el mundo de otra manera y apreciaré aspectos y cosas que antes no hacía. Lo dije un día a mis amigos: no seré la misma persona que cuando me marché.
La idea es volver porque sé que en Valencia no voy a encontrar nada y no quiero estar en casa mirando a la pared. En México hay trabajo: podrá ser mejor o peor, pero lo hay. Así que primero disfrutaré del verano con mi gente, me seguiré preparando el Maratón de Berlín que se celebra a finales de septiembre y después, lo más probable es que vuelva al DF. Seguiremos informando.
Etiquetas:
Alejandro Sanz,
Ciudad de México,
corredor,
correr,
crisis,
DF,
emigración,
emigrante,
España,
maratón,
Maratón de Berlín,
México,
Valencia
La Condesa: un barrio de Ciudad de México con muchos perros
Hoy quiero hablar del barrio en el que vivo ahora en el DF: La Condesa. Una de las cosas que más me ha sorprendido en los últimos días ha sido ver un número importante de establecimientos cerrados por haberse producido un secuestro allí o un homicidio. La verdad es que no estoy acostumbrado a ver letreros de esas características, aunque yo, hasta ahora, no he visto nunca nada raro. Lo curioso es que, al lado, puedes ver a gente bebiendo y bailando como si no pasara nada. A mí me trastoca.
Tampoco es raro pasear por el barrio y encontrarte con una figura que había visto por la tele pero no en vivo y en directo: la del paseante de perros. Recuerdo una película de Cantinflas en la que aparecía haciendo este trabajo y cada vez que veo a alguien acompañado de perros y perros me acuerdo de esa imagen.
Y es que La Condesa es el barrio de los perros. Sea a la hora que sea siempre hay alguien paseando a un canino. Es comprensible si tenemos en cuenta que hay bastantes zonas para hacerlo: el Parque México, el Parque España, calles con paseos por el medio...Para mí no es que sea una gran alegría puesto que los perros me dan mucho miedo y he tenido malas experiencia con ellos mientras corría, pero lo llevo lo mejor que puedo.
También me cuesta correr por determinadas avenidas de La Condesa puesto que hay aparcados muchos coches en doble fila; por lo general se trata de furgonetas que van a dejar bebidas y comida a los numerosos bares que existen en calles como Tamaulipas o Nuevo León. Muchas veces prefiero ir a otra calle, Ámsterdam, y correr allí en círculo; es aburrido pero puedo correr con tranquilidad.
Cuando hablas que vives en La Condesa te dicen que eres un hipster, un gafapasta. Es cierto, en este barrio viven muchos "modernos", muchos extranjeros y gente bohemia (más en la Roma). Lo bueno de este barrio es que hay una gran vida en la calle. Siempre que salgo a dar una vuelta no estoy solo. Las terrazas, los bares, los restaurantes siempre o casi siempre están llenos de gente. Podría decir que es una de las zonas más europeas de Ciudad de México.
Y sí que es verdad que La Condesa es una de las zonas en las que más se notan los temblores. El último que se pudo sentir ocurrió hace unas semanas. Era un sábado por la noche y la sensación fue la siguiente: ruido como de explosión, empieza a moverse todo, primero de arriba a abajo y después de lado a lado. Lo más angustioso del caso es que en ese momento no sabes qué hacer, al menos yo no lo sé. Bajé del edificio en el que vivo (un edificio de 12 alturas) como si me hubieran puesto un cohete detrás. Lo bueno es que no fui el único, aunque luego me dijeron que no vuelva a hacerlo, que intente buscar algún marco de una puerta o acostarme en el suelo al lado de algún objeto, como ahora una cama.
Mientras tanto, sigo entrenando con alegría e ilusión para el Maratón de Berlín. El domingo participé en una carrera de 15 kms. Éramos 6.000 personas, el clima era perfecto para correr y el ambiente era muy bueno. Lo bueno de este tipo de carreras es que nunca estás solo, siempre corres con gente a tu alrededor. Y puedes hablar, dialogar. Yo lo hice con un señor mayor que me comentó que se estaba preparando el Maratón de Ciudad de México y que esa carrera le servía para hacer kms. Lo mismo que yo. Pero él sí que es un auténtico héroe. Me despedí de él y espero volvérmelo a encontrar, pero está difícil. Seguiremos informando.
Tampoco es raro pasear por el barrio y encontrarte con una figura que había visto por la tele pero no en vivo y en directo: la del paseante de perros. Recuerdo una película de Cantinflas en la que aparecía haciendo este trabajo y cada vez que veo a alguien acompañado de perros y perros me acuerdo de esa imagen.
Y es que La Condesa es el barrio de los perros. Sea a la hora que sea siempre hay alguien paseando a un canino. Es comprensible si tenemos en cuenta que hay bastantes zonas para hacerlo: el Parque México, el Parque España, calles con paseos por el medio...Para mí no es que sea una gran alegría puesto que los perros me dan mucho miedo y he tenido malas experiencia con ellos mientras corría, pero lo llevo lo mejor que puedo.
También me cuesta correr por determinadas avenidas de La Condesa puesto que hay aparcados muchos coches en doble fila; por lo general se trata de furgonetas que van a dejar bebidas y comida a los numerosos bares que existen en calles como Tamaulipas o Nuevo León. Muchas veces prefiero ir a otra calle, Ámsterdam, y correr allí en círculo; es aburrido pero puedo correr con tranquilidad.
Cuando hablas que vives en La Condesa te dicen que eres un hipster, un gafapasta. Es cierto, en este barrio viven muchos "modernos", muchos extranjeros y gente bohemia (más en la Roma). Lo bueno de este barrio es que hay una gran vida en la calle. Siempre que salgo a dar una vuelta no estoy solo. Las terrazas, los bares, los restaurantes siempre o casi siempre están llenos de gente. Podría decir que es una de las zonas más europeas de Ciudad de México.
Y sí que es verdad que La Condesa es una de las zonas en las que más se notan los temblores. El último que se pudo sentir ocurrió hace unas semanas. Era un sábado por la noche y la sensación fue la siguiente: ruido como de explosión, empieza a moverse todo, primero de arriba a abajo y después de lado a lado. Lo más angustioso del caso es que en ese momento no sabes qué hacer, al menos yo no lo sé. Bajé del edificio en el que vivo (un edificio de 12 alturas) como si me hubieran puesto un cohete detrás. Lo bueno es que no fui el único, aunque luego me dijeron que no vuelva a hacerlo, que intente buscar algún marco de una puerta o acostarme en el suelo al lado de algún objeto, como ahora una cama.
Mientras tanto, sigo entrenando con alegría e ilusión para el Maratón de Berlín. El domingo participé en una carrera de 15 kms. Éramos 6.000 personas, el clima era perfecto para correr y el ambiente era muy bueno. Lo bueno de este tipo de carreras es que nunca estás solo, siempre corres con gente a tu alrededor. Y puedes hablar, dialogar. Yo lo hice con un señor mayor que me comentó que se estaba preparando el Maratón de Ciudad de México y que esa carrera le servía para hacer kms. Lo mismo que yo. Pero él sí que es un auténtico héroe. Me despedí de él y espero volvérmelo a encontrar, pero está difícil. Seguiremos informando.
Etiquetas:
Cantinflas,
carrera,
Ciudad de México,
Condesa,
corredor,
correr,
crisis,
DF,
emigración,
hipster,
homicidio,
La Condesa,
maratón,
Maratón de Berlín,
México,
migración,
perro,
perros,
secuestro
Y con julio llegaron las lluvias en Ciudad de México
Llegados a julio las lluvias han hecho acto de presencia en Ciudad de México. Normalmente lo suele hacer por las tardes. Da igual que te levantes con sol, con el mejor día del año. Posiblemente, a partir de las 4 de la tarde, el cielo se hará oscuro y empezará a llover sin parar. Esto significa que he cambiado el horario de entrenamiento para el Maratón de Berlín. Ahora entreno por las mañanas, aunque he tenido que bajar la carga porque ando jodido de los isquiotibiales.
No puedo decir que julio haya empezado bien puesto que me largaron del trabajo porque no tenía papeles y por una falta grave que no he cometido. Cuando me lo dijeron no sabía qué responder puesto que llevo 7 meses reclamando que me tramiten mis papeles y puesto que esa falta grave que dicen que cometí es mentira (acordamos que desde junio ya no haría más cosas para la marca por la que trabajaba). Lo más fuerte de todo ya no es que no me hayan pagado la liquidación y su abogado me haya amenazado con deportarme; lo más fuerte es que la persona que ha hecho todo esto es español. Sin embargo, no creo que nadie consiga humillarme ni bajar los brazos. Tomé la decisión de venir a México y aquí estoy, luchando cada día por mejorar mi situación y por adaptarme a un país que no tiene la culpa de que haya malas personas.
Ahora bien, todo no es malo por aquí. Por ejemplo, uno de los momentos más relajados es cuando voy al supermercado. Cuando entro me siento libre. Suele ser un espacio grande, con mucha gente, con productos grandes, con mucho dónde elegir. Es un momento para olvidarme de todo, para observar lo que hace la gente mientras compra, para ver cómo la cajera prácticamente ni me mira a la cara y actúa como un robot, para comprobar que el queso manchego o el jamón serrano están siempre o casi siempre envasados...
También es momento para recordar que es difícil beberte un gin tonic en Ciudad de México, que es difícil entender por qué un chico tiene que abrir la puerta a una chica o que siempre encontrarás cola en los bancos. Tampoco hay que olvidar qué pienso cuando un taxista me dice que si soy de Valencia es que soy de la Madre Patria o del Primer Mundo o cuando me preguntan consternados si es verdad que la crisis es tan fuerte como parece.
Pero lo más sorprendente que me ha ocurrido en los últimos días fue que me dijeran que me parecía a Alejandro Sanz. No supe qué decir. Bueno, sí, que creía que no. Lo importante no es si me parezco a alguien o si tengo dobles por ahí; lo importante es saber que, a pesar de que haya gente que no te conozca te anima, te hace ver las cosas de otra manera, te hace sentir tranquilo contigo mismo. Por eso, a pesar de las dificultades, a pesar de que sigo sin papeles, a pesar de que me han tratado muy mal en mi anterior trabajo, digo en voz alta que siempre voy a tener la cabeza alta. Desde aquí quiero agradecer a tantos y tantos amigos, compañeros y conocidos que me animan día a día sin nada a cambio. Seguiremos informando.
No puedo decir que julio haya empezado bien puesto que me largaron del trabajo porque no tenía papeles y por una falta grave que no he cometido. Cuando me lo dijeron no sabía qué responder puesto que llevo 7 meses reclamando que me tramiten mis papeles y puesto que esa falta grave que dicen que cometí es mentira (acordamos que desde junio ya no haría más cosas para la marca por la que trabajaba). Lo más fuerte de todo ya no es que no me hayan pagado la liquidación y su abogado me haya amenazado con deportarme; lo más fuerte es que la persona que ha hecho todo esto es español. Sin embargo, no creo que nadie consiga humillarme ni bajar los brazos. Tomé la decisión de venir a México y aquí estoy, luchando cada día por mejorar mi situación y por adaptarme a un país que no tiene la culpa de que haya malas personas.
Ahora bien, todo no es malo por aquí. Por ejemplo, uno de los momentos más relajados es cuando voy al supermercado. Cuando entro me siento libre. Suele ser un espacio grande, con mucha gente, con productos grandes, con mucho dónde elegir. Es un momento para olvidarme de todo, para observar lo que hace la gente mientras compra, para ver cómo la cajera prácticamente ni me mira a la cara y actúa como un robot, para comprobar que el queso manchego o el jamón serrano están siempre o casi siempre envasados...
También es momento para recordar que es difícil beberte un gin tonic en Ciudad de México, que es difícil entender por qué un chico tiene que abrir la puerta a una chica o que siempre encontrarás cola en los bancos. Tampoco hay que olvidar qué pienso cuando un taxista me dice que si soy de Valencia es que soy de la Madre Patria o del Primer Mundo o cuando me preguntan consternados si es verdad que la crisis es tan fuerte como parece.
Pero lo más sorprendente que me ha ocurrido en los últimos días fue que me dijeran que me parecía a Alejandro Sanz. No supe qué decir. Bueno, sí, que creía que no. Lo importante no es si me parezco a alguien o si tengo dobles por ahí; lo importante es saber que, a pesar de que haya gente que no te conozca te anima, te hace ver las cosas de otra manera, te hace sentir tranquilo contigo mismo. Por eso, a pesar de las dificultades, a pesar de que sigo sin papeles, a pesar de que me han tratado muy mal en mi anterior trabajo, digo en voz alta que siempre voy a tener la cabeza alta. Desde aquí quiero agradecer a tantos y tantos amigos, compañeros y conocidos que me animan día a día sin nada a cambio. Seguiremos informando.
Etiquetas:
Alejandro Sanz,
Berlín,
Ciudad de México,
correr,
crisis,
DF,
emigración,
gin tonic,
llover,
lluvia,
maratón,
México,
supermercado,
taxi,
trabajo
Distintas formas de ver Ciudad de México
Por mucho que mire y mire, no he encontrado ningún edificio ni ninguna casa en el DF que tenga persianas. La verdad es que me sorprende porque aquí hace mucho sol. Cuando he estado en países como Suecia, Alemania o Inglaterra puedo entender que no las utilicen puesto que allí el sol casi ni existe, pero en México me trastoca. Cuando voy por la calle veo que las casas están como desnudas, porque lo ves todo.
También puedo ver muchas cosas cuando voy con la bicicleta. Por ejemplo, veo al barrendero que no se inmuta cuando paso por su lado, o a la señora que cruza con prisa antes de que llegue a su altura, o al taxista que me mira con cara de pocos amigos puesto que no me puede adelantar, o al policía que hace su espectáculo con gestos y silbando sin parar mientras espero en un cruce. Es otra forma de ver Ciudad de México.
Observar el DF en domingo también es otra forma de verla de forma diferente. Porque sí que es cierto que parece otra ciudad. Es un día que aprovecho para correr una distancia larga, pero el resto del día lo suelo dedicar a pasear y me fijo en muchas cosas. La gente está relajada, no tienen horario para comer, aprovechan para ir al parque o para no hacer nada. Lo entiendo perfectamente puesto que el ritmo del DF es absorbente.
También es absorbente el olor de las calles. Me recuerda mucho a Estambul. A lo mejor exagero, pero en una misma calle puedes encontrarte 4, 5 o 6 olores diferentes. Creo que ya forman parte de mí. Al igual que la señora que cada día quiere que le compre algo dulce o al chico del establecimiento donde suelo comprar un zumo de naranja. Hoy me dijo lo siguiente: "oye, ¿qué te parece el fichaje de Neymar por el Barça?". Le contesté: "¿Y cómo sabes que soy del Barça?" Lo mejor es su respuesta: "Ándele, ¿de qué equipo se puede ser?". Cada día hablamos de una cosa diferente mientras espero que me dé el zumo: de fútbol, de las distancias existentes en el DF, de cómo me adapto a la ciudad...Es un buen tipo y...¡no sé cómo se llama!
Es divertido ver Ciudad de México de noche, sobre todo en fin de semana. Un día salí a tomar algo y lo que más me llamó la atención fue ver la cantidad de chicos que se dedican a aparcar los coches de los que van a los bares, a los restaurantes o a los pubs. Había momentos que no sabían dónde aparcarlos, pero se las apañaban para que la calle no estuviera cortada y para que no hubiera ningún accidente. Fue curioso ver, por ejemplo, cómo van vestidas las chicas, con tacones de más de un palmo y con vestidos como si fueran de moda. Y también tuve tiempo de observar cómo un chico bastante joven llegaba con un coche y esperaba hasta que le abrieran la puerta. Me dieron ganas de decirle: "chaval, ¿no sabes abrírtela tú?"
Sin embargo, la imagen de la última semana ha sido, sin duda, la de un chico que no dejaba de mirarme en el metrobús y al final me preguntó: "oye, yo el otro día te vi corriendo por Insurgentes, al lado de los coches. Estás loco". Me reí y le dije: "lo que más me sorprende es que te acuerdes de mí cuando por esa avenida pasan miles y miles de coches y personas". Me contestó: "es que me fijo mucho cuando voy en el autobús y te vi. Algún día probaré lo mismo que haces tú". Y se marchó. Seguiremos informando.
También puedo ver muchas cosas cuando voy con la bicicleta. Por ejemplo, veo al barrendero que no se inmuta cuando paso por su lado, o a la señora que cruza con prisa antes de que llegue a su altura, o al taxista que me mira con cara de pocos amigos puesto que no me puede adelantar, o al policía que hace su espectáculo con gestos y silbando sin parar mientras espero en un cruce. Es otra forma de ver Ciudad de México.
Observar el DF en domingo también es otra forma de verla de forma diferente. Porque sí que es cierto que parece otra ciudad. Es un día que aprovecho para correr una distancia larga, pero el resto del día lo suelo dedicar a pasear y me fijo en muchas cosas. La gente está relajada, no tienen horario para comer, aprovechan para ir al parque o para no hacer nada. Lo entiendo perfectamente puesto que el ritmo del DF es absorbente.
También es absorbente el olor de las calles. Me recuerda mucho a Estambul. A lo mejor exagero, pero en una misma calle puedes encontrarte 4, 5 o 6 olores diferentes. Creo que ya forman parte de mí. Al igual que la señora que cada día quiere que le compre algo dulce o al chico del establecimiento donde suelo comprar un zumo de naranja. Hoy me dijo lo siguiente: "oye, ¿qué te parece el fichaje de Neymar por el Barça?". Le contesté: "¿Y cómo sabes que soy del Barça?" Lo mejor es su respuesta: "Ándele, ¿de qué equipo se puede ser?". Cada día hablamos de una cosa diferente mientras espero que me dé el zumo: de fútbol, de las distancias existentes en el DF, de cómo me adapto a la ciudad...Es un buen tipo y...¡no sé cómo se llama!
Es divertido ver Ciudad de México de noche, sobre todo en fin de semana. Un día salí a tomar algo y lo que más me llamó la atención fue ver la cantidad de chicos que se dedican a aparcar los coches de los que van a los bares, a los restaurantes o a los pubs. Había momentos que no sabían dónde aparcarlos, pero se las apañaban para que la calle no estuviera cortada y para que no hubiera ningún accidente. Fue curioso ver, por ejemplo, cómo van vestidas las chicas, con tacones de más de un palmo y con vestidos como si fueran de moda. Y también tuve tiempo de observar cómo un chico bastante joven llegaba con un coche y esperaba hasta que le abrieran la puerta. Me dieron ganas de decirle: "chaval, ¿no sabes abrírtela tú?"
Sin embargo, la imagen de la última semana ha sido, sin duda, la de un chico que no dejaba de mirarme en el metrobús y al final me preguntó: "oye, yo el otro día te vi corriendo por Insurgentes, al lado de los coches. Estás loco". Me reí y le dije: "lo que más me sorprende es que te acuerdes de mí cuando por esa avenida pasan miles y miles de coches y personas". Me contestó: "es que me fijo mucho cuando voy en el autobús y te vi. Algún día probaré lo mismo que haces tú". Y se marchó. Seguiremos informando.
Etiquetas:
Alemania,
Barça,
Ciudad de México,
crisis,
DF,
emigración,
emigrante,
España,
Estambul,
Inglaterra,
inmigración,
México,
Neymar,
sol,
Suecia
De todo un poco en Ciudad de México, una ciudad que nunca duerme
El otro día me atreví a correr por Insurgentes, que es la avenida más larga de Ciudad de México. Pensaba que tendría problemas con los coches, pero no fue así. Los conductores me respetaron. Era una forma más de buscar sentirme libre en una ciudad que nunca duerme.
Si digo que nunca duerme es que sea a la hora que sea siempre hay coches circulando por el DF y personas y hay un movimiento cultural y musical impresionante. Ya he dicho en más de una ocasión que el coche tiene más preferencia que las personas y que en Ciudad de México el tiempo es oro. Tanto es así que hay personas que tardan dos y tres horas en llegar a su lugar de trabajo. Para mí son unos héroes.
Estamos en junio y, en teoría, ya tendría que haber empezado la temporada de lluvias. Sin embargo, durante los días que llevamos de mes, sigue sin llover y han subido las temperaturas. Dicen que durante ese tiempo, cuando llueve, las tormentas son muy grandes. Si os soy sincero, quiero que me pille una de esas tormentas corriendo.
Hace dos semanas salí de la ciudad para visitar Tequisquiapan y La Peña de Bernal, cerca de una ciudad que se llama Querétaro. En la primera ciudad fui porque hacían un festival de la paella en unas cavas (allí es una zona propicia para el cultivo del vino), y en la segunda ciudad porque es uno de los llamados "Pueblos Mágicos". Lo más interesante de ese viaje fue que para trasladarnos de un lugar a otro utilizamos taxis colectivos. Ya me advirtieron que en esa zona son así. Tenía mucha curiosidad por saber cómo eran. Pues son como un taxi normal pero subes con otras personas que no conoces de nada y pagas tu recorrido. Lo segundo más interesante es que pude comer "socarrat". Habrían unos 30 o 40 expositores de paella; podías probar las que quisieras y luego elegir cuál querías comer. Me decidí por una que tenía poco arroz y que sólo le quedaba el "socarrat". Cuando lo pedí, el señor que hizo esa paella me dijo: "tú sí que sabes. A los mexicanos eso no les gusta". Yo contesté: "pues se pierden lo mejor".
Y sí, lo reconozco, echo mucho de menos la comida que hace mi madre. Solo deseo probar nuevamente una fideuà, un arroz a banda, un arroz meloso o un arroz al horno. Cierto, sin arroz no soy persona. Me miro al espejo y pienso: "Toni, estás más delgado". Y, sí, lo estoy. Pero sigo comiendo las mismas cantidades de siempre. Creo, sinceramente, que el tipo de comida mexicana es más digerible porque siempre o casi siempre tengo hambre.
Por lo que respecta a mi día a día, sigo sin poder tener los papeles en regla y sigo aprendiendo expresiones mexicanas. Una de las que más me gusta es "qué pedo". Sería como decir "hostia, no?", o "qué bueno", o "qué mierda" según el contexto. También me sigue sorprendiendo la capacidad que tienen los mexicanos para superarse a sí mismos. Si voy a un bar y pregunto a qué hora se levantó para venir al trabajo me contesta que a las 4 de la madrugada. Si estoy parado en un semáforo con la bici es normal tener a un chico con su carrito de comida que arrastra desde no se sabe dónde. Si subo a un taxi y le pregunto al taxista desde qué hora va con el coche, me puede decir que suele hacer 13 y 14 horas y que solo descansa un día a la semana. Si salgo de casa y me cruzo con el portero posiblemente me diga que no ha podido dormir mucho por la noche y que ahora se marcha a su casa que está a casi dos horas de allí.
Y acabo con una de las imágenes de la última semana: estar en una parada de autobuses, sentarme para comer algo y coincidir en la mesa con un chico que se está comiendo un bocadillo y sudando sin parar. Le pregunté qué le ocurría. Me contestó: "Me enchilé". Eso significa que lo que se está comiendo le pica tanto que por eso suda. Le dije que dejara de comérselo para no sufrir más. Su respuesta fue: "¿Qué dices? Eso es lo que quiero, estar sufriendo". Seguiremos informando.
Si digo que nunca duerme es que sea a la hora que sea siempre hay coches circulando por el DF y personas y hay un movimiento cultural y musical impresionante. Ya he dicho en más de una ocasión que el coche tiene más preferencia que las personas y que en Ciudad de México el tiempo es oro. Tanto es así que hay personas que tardan dos y tres horas en llegar a su lugar de trabajo. Para mí son unos héroes.
Estamos en junio y, en teoría, ya tendría que haber empezado la temporada de lluvias. Sin embargo, durante los días que llevamos de mes, sigue sin llover y han subido las temperaturas. Dicen que durante ese tiempo, cuando llueve, las tormentas son muy grandes. Si os soy sincero, quiero que me pille una de esas tormentas corriendo.
Hace dos semanas salí de la ciudad para visitar Tequisquiapan y La Peña de Bernal, cerca de una ciudad que se llama Querétaro. En la primera ciudad fui porque hacían un festival de la paella en unas cavas (allí es una zona propicia para el cultivo del vino), y en la segunda ciudad porque es uno de los llamados "Pueblos Mágicos". Lo más interesante de ese viaje fue que para trasladarnos de un lugar a otro utilizamos taxis colectivos. Ya me advirtieron que en esa zona son así. Tenía mucha curiosidad por saber cómo eran. Pues son como un taxi normal pero subes con otras personas que no conoces de nada y pagas tu recorrido. Lo segundo más interesante es que pude comer "socarrat". Habrían unos 30 o 40 expositores de paella; podías probar las que quisieras y luego elegir cuál querías comer. Me decidí por una que tenía poco arroz y que sólo le quedaba el "socarrat". Cuando lo pedí, el señor que hizo esa paella me dijo: "tú sí que sabes. A los mexicanos eso no les gusta". Yo contesté: "pues se pierden lo mejor".
Y sí, lo reconozco, echo mucho de menos la comida que hace mi madre. Solo deseo probar nuevamente una fideuà, un arroz a banda, un arroz meloso o un arroz al horno. Cierto, sin arroz no soy persona. Me miro al espejo y pienso: "Toni, estás más delgado". Y, sí, lo estoy. Pero sigo comiendo las mismas cantidades de siempre. Creo, sinceramente, que el tipo de comida mexicana es más digerible porque siempre o casi siempre tengo hambre.
Por lo que respecta a mi día a día, sigo sin poder tener los papeles en regla y sigo aprendiendo expresiones mexicanas. Una de las que más me gusta es "qué pedo". Sería como decir "hostia, no?", o "qué bueno", o "qué mierda" según el contexto. También me sigue sorprendiendo la capacidad que tienen los mexicanos para superarse a sí mismos. Si voy a un bar y pregunto a qué hora se levantó para venir al trabajo me contesta que a las 4 de la madrugada. Si estoy parado en un semáforo con la bici es normal tener a un chico con su carrito de comida que arrastra desde no se sabe dónde. Si subo a un taxi y le pregunto al taxista desde qué hora va con el coche, me puede decir que suele hacer 13 y 14 horas y que solo descansa un día a la semana. Si salgo de casa y me cruzo con el portero posiblemente me diga que no ha podido dormir mucho por la noche y que ahora se marcha a su casa que está a casi dos horas de allí.
Y acabo con una de las imágenes de la última semana: estar en una parada de autobuses, sentarme para comer algo y coincidir en la mesa con un chico que se está comiendo un bocadillo y sudando sin parar. Le pregunté qué le ocurría. Me contestó: "Me enchilé". Eso significa que lo que se está comiendo le pica tanto que por eso suda. Le dije que dejara de comérselo para no sufrir más. Su respuesta fue: "¿Qué dices? Eso es lo que quiero, estar sufriendo". Seguiremos informando.
¿Qué haría sin la música en Ciudad de México?
El funk me inspiró para estar ahora delante del ordenador y escribir estas palabras. Ya he dicho muchas veces que la música es mi aliada para desahogarme, para ver las cosas de otra manera o, simplemente, para pensar que no estoy perdiendo el tiempo en México. Por ejemplo, mientras escucho a un grupo que se llama Funkadelic, desdramatizo todo lo que me ha pasado en las últimas semanas y llego a la conclusión de que no es para tanto, que siempre hay que tratar de tener una sonrisa en la cara y seguir hacia adelante.
Tras más de 8 meses en México puedo decir que todavía no he solucionado mis papeles. Es una situación bastante incómoda puesto que sin papeles no eres nadie. De momento no he encontrado ninguna vía para tenerlos, pero sigo empeñado en conseguirlo. El problema es que para tramitar tus papeles necesitas una oferta de trabajo, pero muchas empresas ya quieren que tú tengas los papeles. De hecho estoy trabajando en una empresa, pero ésta no me lo está solucionando (siempre tienen alguna excusa), así que busco alternativas que, de momento, no he encontrado.
He de reconocer que los papeles es un problema que me quita el sueño. El bálsamo es hacer cosas para olvidarlo, aunque sea por un corto período de tiempo. Por ejemplo, ya he empezado a entrenar con fuerza para el Maratón de Berlín y la cosa va bien. Es curioso, desde que estoy en el DF me sobrecargo menos. Ahora, con la época de lluvias, creo que iré todavía mejor puesto que la respiración será diferente. Siempre he dicho que correr con lluvia es una de las mejores sensaciones de un runner, al menos para mí porque me siento totalmente libre. Todavía no han llegado las lluvias, pero ya me han dicho que cuando llueve, llueve de verdad.
Participar en una carrera en Ciudad de México no es diferente a correr en Valencia. Sí que es cierto que antes de que den la salida, he visto a mucha gente con su móvil haciendo fotos. Y también es cierto que las carreras son mucho más temprano. El otro día corrí un medio maratón y empezó a las 7 de la mañana. Todavía era de noche. Pregunté por qué son tan temprano y me contestaron que tratan de que las calles estén cortadas el menor tiempo posible. Ya se sabe, en la segunda ciudad más grande del mundo cortar calles puede ser un caos.
Otra forma de olvidar los problemas es pasear. Vivo en un barrio que se llama La Condesa, caracterizada por la gran cantidad de bares y restaurantes y parques. Los fines de semana existe un gran ambiente y, la verdad, me lo paso bien cuando me siento y empiezo a observar a la gente que pasa a mi alrededor. El DF es una ciudad muy cosmopolita y puedes ver de todo. En La Condesa, por ejemplo, viven muchos extranjeros (sobre todo franceses). Pero si tuviera que quedarme con una colonia me quedaría con La Roma. Es parecida a La Condesa pero tiene un toque muy diferente. Ayer, por ejemplo, fui caminando por allí con mi música (estuve escuchando a un grupo que se llama Moon Boots) y me gustó el ambiente, las terrazas, las casas, la gente. Me salió una sonrisa y pensé: "algún día, si consigo tener estabilidad en México, quiero vivir aquí".
Y es que una de las cosas que más me ha sorprendido del DF es la gran cantidad de verde que existe en la ciudad. No creía que fuera algo seco, pero tampoco pensé que hubieran tantos bosques, parques, árboles...Lo único malo de la ciudad es la contaminación. La semana pasada, por ejemplo, hubo 3 días seguidos en los que se recomendaba no hacer ejercicio puesto que la tasa de contaminación era muy alta. Lo noto en el color del cielo y, sobre todo, en mi nariz.
Eso sí, al final uno se acostumbra a todo, también a que un taxista te esté contando durante todo el trayecto que es de sitio (significa que tienen un sitio y son más seguros) y que tienen mil y un servicios. O también te acostumbras a ir en bicicleta y hacer lo mismo que hacen los coches, es decir, a no parar en los pasos de peatones o a saltarte semáforos. En Ciudad de México el tiempo es oro. Seguiremos informando.
Tras más de 8 meses en México puedo decir que todavía no he solucionado mis papeles. Es una situación bastante incómoda puesto que sin papeles no eres nadie. De momento no he encontrado ninguna vía para tenerlos, pero sigo empeñado en conseguirlo. El problema es que para tramitar tus papeles necesitas una oferta de trabajo, pero muchas empresas ya quieren que tú tengas los papeles. De hecho estoy trabajando en una empresa, pero ésta no me lo está solucionando (siempre tienen alguna excusa), así que busco alternativas que, de momento, no he encontrado.
He de reconocer que los papeles es un problema que me quita el sueño. El bálsamo es hacer cosas para olvidarlo, aunque sea por un corto período de tiempo. Por ejemplo, ya he empezado a entrenar con fuerza para el Maratón de Berlín y la cosa va bien. Es curioso, desde que estoy en el DF me sobrecargo menos. Ahora, con la época de lluvias, creo que iré todavía mejor puesto que la respiración será diferente. Siempre he dicho que correr con lluvia es una de las mejores sensaciones de un runner, al menos para mí porque me siento totalmente libre. Todavía no han llegado las lluvias, pero ya me han dicho que cuando llueve, llueve de verdad.
Participar en una carrera en Ciudad de México no es diferente a correr en Valencia. Sí que es cierto que antes de que den la salida, he visto a mucha gente con su móvil haciendo fotos. Y también es cierto que las carreras son mucho más temprano. El otro día corrí un medio maratón y empezó a las 7 de la mañana. Todavía era de noche. Pregunté por qué son tan temprano y me contestaron que tratan de que las calles estén cortadas el menor tiempo posible. Ya se sabe, en la segunda ciudad más grande del mundo cortar calles puede ser un caos.
Otra forma de olvidar los problemas es pasear. Vivo en un barrio que se llama La Condesa, caracterizada por la gran cantidad de bares y restaurantes y parques. Los fines de semana existe un gran ambiente y, la verdad, me lo paso bien cuando me siento y empiezo a observar a la gente que pasa a mi alrededor. El DF es una ciudad muy cosmopolita y puedes ver de todo. En La Condesa, por ejemplo, viven muchos extranjeros (sobre todo franceses). Pero si tuviera que quedarme con una colonia me quedaría con La Roma. Es parecida a La Condesa pero tiene un toque muy diferente. Ayer, por ejemplo, fui caminando por allí con mi música (estuve escuchando a un grupo que se llama Moon Boots) y me gustó el ambiente, las terrazas, las casas, la gente. Me salió una sonrisa y pensé: "algún día, si consigo tener estabilidad en México, quiero vivir aquí".
Y es que una de las cosas que más me ha sorprendido del DF es la gran cantidad de verde que existe en la ciudad. No creía que fuera algo seco, pero tampoco pensé que hubieran tantos bosques, parques, árboles...Lo único malo de la ciudad es la contaminación. La semana pasada, por ejemplo, hubo 3 días seguidos en los que se recomendaba no hacer ejercicio puesto que la tasa de contaminación era muy alta. Lo noto en el color del cielo y, sobre todo, en mi nariz.
Eso sí, al final uno se acostumbra a todo, también a que un taxista te esté contando durante todo el trayecto que es de sitio (significa que tienen un sitio y son más seguros) y que tienen mil y un servicios. O también te acostumbras a ir en bicicleta y hacer lo mismo que hacen los coches, es decir, a no parar en los pasos de peatones o a saltarte semáforos. En Ciudad de México el tiempo es oro. Seguiremos informando.
Etiquetas:
Ciudad de México,
coches,
contaminación,
correr,
crisis,
DF,
emigración,
emigrante,
La Condesa,
La Roma,
lluvia,
Maratón de Berlín,
México,
música,
runner
Suscribirse a:
Entradas (Atom)