Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Luis De Guindos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis De Guindos. Mostrar todas las entradas

Cada desahucio es un triunfo del sistema capitalista

Quería hablar de mi primera experiencia con un terremoto pero, tras leer la prensa española, sólo tengo ganas de escribir sobre la situación dramática que están viviendo muchas familias y los casos vergonzosos de desahucios.

Lo más indignante que he leído esta mañana es que sólo en "los casos de extrema necesidad" los bancos están dispuestos a no ejecutar el desahucio. ¿Quién va a valorarlo? ¿Los bancos? ¿Qué es extrema necesidad para ellos? ¿No es extrema necesidad cualquier desahucio? 

Otra frase para enmarcar es la del Ministro de Economía, el señor Luis De Guindos. Hoy afirmó en Bruselas que "las personas de buena fe no van a ser desahuciadas". ¿Quiénes son esas personas de buena fe? ¿Usted va a decidir quién es o no persona de buena fe? ¿Quiere decir con ello que las que han sido desahuciadas son personas de mala fe? ¿Por qué no dimiten aquellos representantes políticos que dicen tonterías y barbaridades?

Tampoco me puedo olvidar de partidos políticos como el PP y el PSOE que no han querido solucionar el problema y que sólo han empezado a actuar cuando la sociedad, la calle ha hablado y se ha manifestado. Sinceramente, ese tipo de políticos no sirven, no nos interesan, no nos representan.

¿Qué queremos de un político? En mi caso quiero un político que se avance a los hechos, no que actú a posteriori. Quiero políticos que gobiernen pensando en los ciudadanos y no en sus intereses personales, que piensen en las necesidades de la sociedad y no en buscar un objetivo económico concreto. Quiero políticos que no estén a merced de las grandes fortunas y del sistema económico y financiero. ¿Tan difícil es entenderlo?

Entiendo que la ignorancia se combate viajando y la incompetencia experimentando. En el caso de muchos políticos esa incompetencia tiene una fácil solución: antes de ser político tienes que haber experimentado qué es el día a día. Muchos de ellos sólo se han dedicado a la política y no saben hacer otra cosa.

Muchas veces me han llamado iluso porque defiendo ideas que, según algunos, son inviables. Por ejemplo, me reafirmo en que los ciudadanos sí que somos capaces de cambiar las cosas. Falta que nos lo creamos. También considero que no hay que tener miedo para decir lo que uno piensa porque, si no lo hacemos, estamos contribuyendo al miedo, al temor, a renunciar a tí como persona. Y, por supuesto, creo que la política tiene que ser entendida como un servicio al pueblo y que las grandes decisiones tienen que ser consultadas.

Por cierto, ¿en qué sociedad vivimos? La respuesta mi sencilla. Aquella que tiene un sistema que castiga a los que no pagan una hipoteca por no tener un trabajo, pero es favorable al político que ha despilfarrado, que ha gastado el dinero público en cosas que no han servido para nada, o es favorable a un sistema bancario cruel y terrorista.





Rajoy tiene un grave problema con la comunicación

El Gobierno de Mariano Rajoy tiene un serio problema de comunicación. No de ahora, sino desde el día siguiente de ganar las elecciones. O no se han enterado o no quieren saberlo. Tal vez no se den cuenta que una mala comunicación tiene consecuencias devastadoras para un gobierno, hasta el punto de que puede suponer la pérdida de credibilidad.

Es difícil de creer que en el entorno de Rajoy nadie, absolutamente nadie, le dijera que el sábado tenía que comparecer, dar la cara tras la decisión de pedir un rescate a la UE. Es un error que el presidente de un gobierno ni puede ni debe permitirse, sobre todo porque se trata del día más importante desde que está al frente de un país.

Lo más preocupante es reconocer la falta tras ver la reacción de la sociedad. Un dirigente no se puede permitir el lujo de actuar a posteriori, porque demuestra debilidad, falta de liderazgo y de ideas y ausencia de tacto. Desgraciadamente estamos acostumbrados a ver cómo un presidente se mueve por intereses personales y no de gestión de lo público y, por lo tanto, de actuar pensando en los ciudadanos y ciudadanas.

A pesar de que no es la primera vez que Rajoy se esconde, sí que es sorprendente que lo repita, sobre todo si hace pocos días recomendó a los periodistas que ante cualquier duda le preguntasen a él. Lo tienen complicado si sus comparecencias son escasas. Algunos atribuyen su ausencia a una estrategia meditada en la que lo importante es primero trabajar y luego explicar. A la sociedad, sin embargo, le es difícil entender esta teoría cuando lo que quiere son respuestas rápidas a determinados hechos.

La comunicación de un gobierno no es sólo qué decir y cómo decirlo. También son los gestos y las actitudes. ¿Qué conclusión podemos sacar de un presidente que ante la situación que está viviendo España decida irse a Polonia para ver a la selección española de fútbol? ¿Fue adecuado ese viaje? ¿Nadie le dijo que no fuera porque no tocaba? ¿Cree Rajoy que el trabajo ya estaba hecho y por eso se podía marchar?

Una de las cosas que no se puede permitir un gobierno es contradecirse y marear la perdiz. Rajoy consiguió reunir estas dos palabras en su comparecencia sobre el rescate. Se contradijo en dos aspectos fundamentales: desautorizó a su ministro de Economía, Luis de Guindos, al afirmar que el rescate no afectaría al déficit e intentó vender como positivo un rescate que Rajoy negó hasta el último día.

Pero el Presidente del Gobierno también mareó la perdiz con eufemismos, con expresiones del tipo "es una línea de crédito" o "un apoyo financiero" cuando, en realidad, es un rescate al cuál tiene que responder el gobierno español. El intento de evitar lo inevitable es otro síntoma de debilidad pero, sobre todo, de menospreciar a una sociedad que necesita conocer la verdad en un momento de crisis económica como el que estamos viviendo.