Mientras escribo esto ya es mi cumpleaños en España, pero no en México. Raro, ¿verdad? Así que no sé qué hacer, no sé cuándo celebrarlo. Lo que sí que sé es que será un aniversario extraño porque no lo podré celebrar como quisiera. De todas maneras, la gente que me conoce se está acordando de mí y no me encuentro sólo.
Ya que hablamos de cumplir años, una de las imágenes que más me encuentro los fines de semana es la de buen número de limusinas custodiadas por jóvenes mexicanos. Al principio no sabía de qué iba la historia y pregunté al primer peatón que encontré. Me explicó que en México cuando las chicas cumplen 15 años celebran que ya son mujeres y hacen una fiesta. En muchas ocasiones alquilan una limusina e invitan a sus amigos. En una de tantas, la quinceañera me miró cuando me los crucé y me saludó. Inmediatamente recordé cuando tenía 15 años.
Y ya que hablamos de edad, creo que los mexicanos son "come años". Hoy, por ejemplo, el señor del taxi me dijo que tenía 73 años. Parecía mucho más joven. También me ocurre con mis compañeros de trabajo. Todos parecen más jóvenes.
El taxi en México es un mundo que me aporta mucho. Las conversaciones que tengo son dignas de grabación. Ayer tuve la mejor. Pregunté al taxista cómo le iba el día y me contestó que muy bien, que no tenía derecho a quejarse porque sólo vivimos una vez y que agradecía poder trabajar. Sus palabras me marcaron bastante porque precisamente vine a México porque no encontraba una oportunidad laboral en España y porque mucha gente lo está pasando mal. Tanto es así que este sábado más de 800 personas fueron despedidas de Canal 9. Para mí fue muy triste porque echaron a ex compañeros de trabajo que me lo enseñaron todo.
Mientras espero que ya sea 11 de febrero en México, aprovecho para deciros que, de momento, no he vuelto a comer tacos en la calle, pero sí que probé un mezcal muy bueno. El mezcal es de la familia del tequila, pero me pareció más bueno porque era más afrutado. Lo más curioso fue que no se toma con trozos de limón sino con trozos de naranja. Me gustó la mezcla.
En pocos días debo cambiarme de casa y también debo salir del país porque el 4 de marzo expira mi visa de turista. Todavía no sé a dónde volaré para poder generar 180 días como turista. De momento sigo sin poder tramitar mi visa de trabajo y hoy ya sé cuál es el motivo. Según la persona que decidió sobre mi expediente, existió un defecto de forma puesto que entendió que periodista y corresponsal no son lo mismo. En Migración me dijeron que presentara mis papeles en el grupo de corresponsal porque así lo reflejaba mi situación (muy raro), y resulta que después me dicen que los papeles no estaban bien porque tendría que haber puesto periodista. En fin, sin comentarios.
Por cierto, ya estoy más tranquilo. El otro día me crucé con un corredor y pude notar que tiene los mismos síntomas que yo: mucha mucosidad y respiración un poco jadeante. Pensaba que sólo me pasaba a mí. Espero poder adaptarme definitivamente a la altura en poco tiempo, porque no consigo correr con comodidad. Hoy, por ejemplo, hice 13 km y bien, pero no siento esa frescura que tenía antes de venir a México.
Hoy, para acabar mi relato, quiero daros las gracias por leer mis palabras. Nunca pensé que pudieran interesar las historias de alguien como yo, un chico corriente que por X motivos decidió emigrar. Los mensajes de ánimo en redes sociales y los comentarios de la gente cada vez que escribo me ayudan a seguir adelante. Si no fuera así, creo que no hubiese aguantado 5 meses en México. Seguiremos informando.
Blog personal en el que hablo de mi experiencia como emigrante en México y como responsable de Marketing Digital.
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Un cumpleaños extraño en Ciudad de México
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Ciudad de México y sus pequeñas historias
Empiezo a escribir estas palabras con un poco de cabreo. Ya se me pasará. La cuestión es que hoy quedé con un chico para que me enseñara una habitación. Cuando llegué a la dirección indicada, llamé por teléfono para comprobar que, efectivamente, no me había equivocado y la sorpresa fue que el chico me dijo que no se encontraba en el apartamento puesto que había tenido que salir a trabajar y que se le había olvidado la cita. Mi respuesta fue que podría haberme avisado; me contestó que lo sentía mucho y que no lo hizo queriendo. Faltaría más, le dije. Y así acabó esta conversación surrealista.
Sin embargo, fue un viaje divertido. Por el camino me encontré con chicas con unos tacones de dos palmos de alto (no exagero) andando como un pato, con dificultades y perdiendo el equilibrio, pero allí estaban ellas andando orgullosas. Me dieron ganas de decirles que se quitaran los zapatos y fueran con unos de suela plana o que fueran descalzas. Sufrí por ellas.
También pude comprobar lo que es que un conductor de autobús vaya despacio. Hasta hoy no lo había vivido. Fue una sensación maravillosa, muy parecida a la que tienes cuando no estás pensando en nada y te dejas llevar por los acontecimientos. El señor conducía tranquilo, sin prisas, sin agobios, sin estrés. Estuve a punto de no bajar y seguir allí sentado.
El viaje también dio para que conociera nuevas rutas por la ciudad y para verla desde otra perspectiva. Parece mentira lo que puede cambiar una ciudad si la ves con los pies en el suelo o sentado en el transporte público. Hoy pude ver que muchas personas aprovechan los semáforos en rojo para acabar de arreglarse, para comprar alguna comida que vendan en la calle, para hacer cara de tener prisa y estar esperando que salga el verde y acelerar rápido o para enfadarse porque una persona cruza la calle y él no puede pasar.
Pronto voy a hacer 5 meses en Ciudad de México y todavía no estoy acostumbrado a ella. Sin embargo, cada día tengo más respuestas a la hora de afrontar una situación que desconozco. Creo que la clave es dar la sensación de que la controlas a pesar de que no sea verdad. En ningún momento me he sentido observado ni extraño. Se nota que los mexicanos están acostumbrados a recibir gente de otros países.
Eso sí, se sorprenden cuando les hablo de la corrupción en España. Lo primero que me dicen es: "el problema que tienen ustedes es que para vosotros es algo nuevo. Acá ya estamos acostumbrados a eso". Ante esta respuesta prefiero no decir nada puesto que tienen razón. Sin embargo, me sigo indignando por lo que leo y escucho. Tengo claro que soy una consecuencia de todo lo que está ocurriendo en España, pero no van a conseguir que me derrumba.
Y, sí, sigo corriendo. Seguramente pensaréis que tengo una vida aburrida, pero la gente que corre me va a entender cuando diga que hacer deporte, correr es una forma de vida. Ayer tuve una situación embarazosa puesto que una furgoneta casi me atropelló. Iba corriendo al lado del bordillo y, de repente, vi que una furgoneta iba casi a mi ritmo con intención de hacerse a un lado y parar. No sé si el señor controlaba la situación pero, de repente, me vi la furgoneta encima. Cuando le dije que qué estaba haciendo, el conductor me contestó: "tranquilo, amigo...está controlado". Yo no lo tenía tan claro.
Y es que aquí eres amigo de todos. Es la coletilla que utilizan muchos mexicanos para tratar de venderte algo, para saludarte o para contestarte. Me siento extraño cuando me lo dicen, puesto que hace tiempo que no veo a mis amigos y los echo de menos. Por lo menos sé que me tienen presente, que se acuerdan de mí. Así como mi pareja y mi familia. Desde aquí les mando un fuerte abrazo y les digo que estén tranquilos porque voy a seguir luchando por un futuro digno. Seguiremos informando.
Sin embargo, fue un viaje divertido. Por el camino me encontré con chicas con unos tacones de dos palmos de alto (no exagero) andando como un pato, con dificultades y perdiendo el equilibrio, pero allí estaban ellas andando orgullosas. Me dieron ganas de decirles que se quitaran los zapatos y fueran con unos de suela plana o que fueran descalzas. Sufrí por ellas.
También pude comprobar lo que es que un conductor de autobús vaya despacio. Hasta hoy no lo había vivido. Fue una sensación maravillosa, muy parecida a la que tienes cuando no estás pensando en nada y te dejas llevar por los acontecimientos. El señor conducía tranquilo, sin prisas, sin agobios, sin estrés. Estuve a punto de no bajar y seguir allí sentado.
El viaje también dio para que conociera nuevas rutas por la ciudad y para verla desde otra perspectiva. Parece mentira lo que puede cambiar una ciudad si la ves con los pies en el suelo o sentado en el transporte público. Hoy pude ver que muchas personas aprovechan los semáforos en rojo para acabar de arreglarse, para comprar alguna comida que vendan en la calle, para hacer cara de tener prisa y estar esperando que salga el verde y acelerar rápido o para enfadarse porque una persona cruza la calle y él no puede pasar.
Pronto voy a hacer 5 meses en Ciudad de México y todavía no estoy acostumbrado a ella. Sin embargo, cada día tengo más respuestas a la hora de afrontar una situación que desconozco. Creo que la clave es dar la sensación de que la controlas a pesar de que no sea verdad. En ningún momento me he sentido observado ni extraño. Se nota que los mexicanos están acostumbrados a recibir gente de otros países.
Eso sí, se sorprenden cuando les hablo de la corrupción en España. Lo primero que me dicen es: "el problema que tienen ustedes es que para vosotros es algo nuevo. Acá ya estamos acostumbrados a eso". Ante esta respuesta prefiero no decir nada puesto que tienen razón. Sin embargo, me sigo indignando por lo que leo y escucho. Tengo claro que soy una consecuencia de todo lo que está ocurriendo en España, pero no van a conseguir que me derrumba.
Y, sí, sigo corriendo. Seguramente pensaréis que tengo una vida aburrida, pero la gente que corre me va a entender cuando diga que hacer deporte, correr es una forma de vida. Ayer tuve una situación embarazosa puesto que una furgoneta casi me atropelló. Iba corriendo al lado del bordillo y, de repente, vi que una furgoneta iba casi a mi ritmo con intención de hacerse a un lado y parar. No sé si el señor controlaba la situación pero, de repente, me vi la furgoneta encima. Cuando le dije que qué estaba haciendo, el conductor me contestó: "tranquilo, amigo...está controlado". Yo no lo tenía tan claro.
Y es que aquí eres amigo de todos. Es la coletilla que utilizan muchos mexicanos para tratar de venderte algo, para saludarte o para contestarte. Me siento extraño cuando me lo dicen, puesto que hace tiempo que no veo a mis amigos y los echo de menos. Por lo menos sé que me tienen presente, que se acuerdan de mí. Así como mi pareja y mi familia. Desde aquí les mando un fuerte abrazo y les digo que estén tranquilos porque voy a seguir luchando por un futuro digno. Seguiremos informando.
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