Llegados a julio las lluvias han hecho acto de presencia en Ciudad de México. Normalmente lo suele hacer por las tardes. Da igual que te levantes con sol, con el mejor día del año. Posiblemente, a partir de las 4 de la tarde, el cielo se hará oscuro y empezará a llover sin parar. Esto significa que he cambiado el horario de entrenamiento para el Maratón de Berlín. Ahora entreno por las mañanas, aunque he tenido que bajar la carga porque ando jodido de los isquiotibiales.
No puedo decir que julio haya empezado bien puesto que me largaron del trabajo porque no tenía papeles y por una falta grave que no he cometido. Cuando me lo dijeron no sabía qué responder puesto que llevo 7 meses reclamando que me tramiten mis papeles y puesto que esa falta grave que dicen que cometí es mentira (acordamos que desde junio ya no haría más cosas para la marca por la que trabajaba). Lo más fuerte de todo ya no es que no me hayan pagado la liquidación y su abogado me haya amenazado con deportarme; lo más fuerte es que la persona que ha hecho todo esto es español. Sin embargo, no creo que nadie consiga humillarme ni bajar los brazos. Tomé la decisión de venir a México y aquí estoy, luchando cada día por mejorar mi situación y por adaptarme a un país que no tiene la culpa de que haya malas personas.
Ahora bien, todo no es malo por aquí. Por ejemplo, uno de los momentos más relajados es cuando voy al supermercado. Cuando entro me siento libre. Suele ser un espacio grande, con mucha gente, con productos grandes, con mucho dónde elegir. Es un momento para olvidarme de todo, para observar lo que hace la gente mientras compra, para ver cómo la cajera prácticamente ni me mira a la cara y actúa como un robot, para comprobar que el queso manchego o el jamón serrano están siempre o casi siempre envasados...
También es momento para recordar que es difícil beberte un gin tonic en Ciudad de México, que es difícil entender por qué un chico tiene que abrir la puerta a una chica o que siempre encontrarás cola en los bancos. Tampoco hay que olvidar qué pienso cuando un taxista me dice que si soy de Valencia es que soy de la Madre Patria o del Primer Mundo o cuando me preguntan consternados si es verdad que la crisis es tan fuerte como parece.
Pero lo más sorprendente que me ha ocurrido en los últimos días fue que me dijeran que me parecía a Alejandro Sanz. No supe qué decir. Bueno, sí, que creía que no. Lo importante no es si me parezco a alguien o si tengo dobles por ahí; lo importante es saber que, a pesar de que haya gente que no te conozca te anima, te hace ver las cosas de otra manera, te hace sentir tranquilo contigo mismo. Por eso, a pesar de las dificultades, a pesar de que sigo sin papeles, a pesar de que me han tratado muy mal en mi anterior trabajo, digo en voz alta que siempre voy a tener la cabeza alta. Desde aquí quiero agradecer a tantos y tantos amigos, compañeros y conocidos que me animan día a día sin nada a cambio. Seguiremos informando.
Blog personal en el que hablo de mi experiencia como emigrante en México y como responsable de Marketing Digital.
Y con julio llegaron las lluvias en Ciudad de México
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Distintas formas de ver Ciudad de México
Por mucho que mire y mire, no he encontrado ningún edificio ni ninguna casa en el DF que tenga persianas. La verdad es que me sorprende porque aquí hace mucho sol. Cuando he estado en países como Suecia, Alemania o Inglaterra puedo entender que no las utilicen puesto que allí el sol casi ni existe, pero en México me trastoca. Cuando voy por la calle veo que las casas están como desnudas, porque lo ves todo.
También puedo ver muchas cosas cuando voy con la bicicleta. Por ejemplo, veo al barrendero que no se inmuta cuando paso por su lado, o a la señora que cruza con prisa antes de que llegue a su altura, o al taxista que me mira con cara de pocos amigos puesto que no me puede adelantar, o al policía que hace su espectáculo con gestos y silbando sin parar mientras espero en un cruce. Es otra forma de ver Ciudad de México.
Observar el DF en domingo también es otra forma de verla de forma diferente. Porque sí que es cierto que parece otra ciudad. Es un día que aprovecho para correr una distancia larga, pero el resto del día lo suelo dedicar a pasear y me fijo en muchas cosas. La gente está relajada, no tienen horario para comer, aprovechan para ir al parque o para no hacer nada. Lo entiendo perfectamente puesto que el ritmo del DF es absorbente.
También es absorbente el olor de las calles. Me recuerda mucho a Estambul. A lo mejor exagero, pero en una misma calle puedes encontrarte 4, 5 o 6 olores diferentes. Creo que ya forman parte de mí. Al igual que la señora que cada día quiere que le compre algo dulce o al chico del establecimiento donde suelo comprar un zumo de naranja. Hoy me dijo lo siguiente: "oye, ¿qué te parece el fichaje de Neymar por el Barça?". Le contesté: "¿Y cómo sabes que soy del Barça?" Lo mejor es su respuesta: "Ándele, ¿de qué equipo se puede ser?". Cada día hablamos de una cosa diferente mientras espero que me dé el zumo: de fútbol, de las distancias existentes en el DF, de cómo me adapto a la ciudad...Es un buen tipo y...¡no sé cómo se llama!
Es divertido ver Ciudad de México de noche, sobre todo en fin de semana. Un día salí a tomar algo y lo que más me llamó la atención fue ver la cantidad de chicos que se dedican a aparcar los coches de los que van a los bares, a los restaurantes o a los pubs. Había momentos que no sabían dónde aparcarlos, pero se las apañaban para que la calle no estuviera cortada y para que no hubiera ningún accidente. Fue curioso ver, por ejemplo, cómo van vestidas las chicas, con tacones de más de un palmo y con vestidos como si fueran de moda. Y también tuve tiempo de observar cómo un chico bastante joven llegaba con un coche y esperaba hasta que le abrieran la puerta. Me dieron ganas de decirle: "chaval, ¿no sabes abrírtela tú?"
Sin embargo, la imagen de la última semana ha sido, sin duda, la de un chico que no dejaba de mirarme en el metrobús y al final me preguntó: "oye, yo el otro día te vi corriendo por Insurgentes, al lado de los coches. Estás loco". Me reí y le dije: "lo que más me sorprende es que te acuerdes de mí cuando por esa avenida pasan miles y miles de coches y personas". Me contestó: "es que me fijo mucho cuando voy en el autobús y te vi. Algún día probaré lo mismo que haces tú". Y se marchó. Seguiremos informando.
También puedo ver muchas cosas cuando voy con la bicicleta. Por ejemplo, veo al barrendero que no se inmuta cuando paso por su lado, o a la señora que cruza con prisa antes de que llegue a su altura, o al taxista que me mira con cara de pocos amigos puesto que no me puede adelantar, o al policía que hace su espectáculo con gestos y silbando sin parar mientras espero en un cruce. Es otra forma de ver Ciudad de México.
Observar el DF en domingo también es otra forma de verla de forma diferente. Porque sí que es cierto que parece otra ciudad. Es un día que aprovecho para correr una distancia larga, pero el resto del día lo suelo dedicar a pasear y me fijo en muchas cosas. La gente está relajada, no tienen horario para comer, aprovechan para ir al parque o para no hacer nada. Lo entiendo perfectamente puesto que el ritmo del DF es absorbente.
También es absorbente el olor de las calles. Me recuerda mucho a Estambul. A lo mejor exagero, pero en una misma calle puedes encontrarte 4, 5 o 6 olores diferentes. Creo que ya forman parte de mí. Al igual que la señora que cada día quiere que le compre algo dulce o al chico del establecimiento donde suelo comprar un zumo de naranja. Hoy me dijo lo siguiente: "oye, ¿qué te parece el fichaje de Neymar por el Barça?". Le contesté: "¿Y cómo sabes que soy del Barça?" Lo mejor es su respuesta: "Ándele, ¿de qué equipo se puede ser?". Cada día hablamos de una cosa diferente mientras espero que me dé el zumo: de fútbol, de las distancias existentes en el DF, de cómo me adapto a la ciudad...Es un buen tipo y...¡no sé cómo se llama!
Es divertido ver Ciudad de México de noche, sobre todo en fin de semana. Un día salí a tomar algo y lo que más me llamó la atención fue ver la cantidad de chicos que se dedican a aparcar los coches de los que van a los bares, a los restaurantes o a los pubs. Había momentos que no sabían dónde aparcarlos, pero se las apañaban para que la calle no estuviera cortada y para que no hubiera ningún accidente. Fue curioso ver, por ejemplo, cómo van vestidas las chicas, con tacones de más de un palmo y con vestidos como si fueran de moda. Y también tuve tiempo de observar cómo un chico bastante joven llegaba con un coche y esperaba hasta que le abrieran la puerta. Me dieron ganas de decirle: "chaval, ¿no sabes abrírtela tú?"
Sin embargo, la imagen de la última semana ha sido, sin duda, la de un chico que no dejaba de mirarme en el metrobús y al final me preguntó: "oye, yo el otro día te vi corriendo por Insurgentes, al lado de los coches. Estás loco". Me reí y le dije: "lo que más me sorprende es que te acuerdes de mí cuando por esa avenida pasan miles y miles de coches y personas". Me contestó: "es que me fijo mucho cuando voy en el autobús y te vi. Algún día probaré lo mismo que haces tú". Y se marchó. Seguiremos informando.
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De todo un poco en Ciudad de México, una ciudad que nunca duerme
El otro día me atreví a correr por Insurgentes, que es la avenida más larga de Ciudad de México. Pensaba que tendría problemas con los coches, pero no fue así. Los conductores me respetaron. Era una forma más de buscar sentirme libre en una ciudad que nunca duerme.
Si digo que nunca duerme es que sea a la hora que sea siempre hay coches circulando por el DF y personas y hay un movimiento cultural y musical impresionante. Ya he dicho en más de una ocasión que el coche tiene más preferencia que las personas y que en Ciudad de México el tiempo es oro. Tanto es así que hay personas que tardan dos y tres horas en llegar a su lugar de trabajo. Para mí son unos héroes.
Estamos en junio y, en teoría, ya tendría que haber empezado la temporada de lluvias. Sin embargo, durante los días que llevamos de mes, sigue sin llover y han subido las temperaturas. Dicen que durante ese tiempo, cuando llueve, las tormentas son muy grandes. Si os soy sincero, quiero que me pille una de esas tormentas corriendo.
Hace dos semanas salí de la ciudad para visitar Tequisquiapan y La Peña de Bernal, cerca de una ciudad que se llama Querétaro. En la primera ciudad fui porque hacían un festival de la paella en unas cavas (allí es una zona propicia para el cultivo del vino), y en la segunda ciudad porque es uno de los llamados "Pueblos Mágicos". Lo más interesante de ese viaje fue que para trasladarnos de un lugar a otro utilizamos taxis colectivos. Ya me advirtieron que en esa zona son así. Tenía mucha curiosidad por saber cómo eran. Pues son como un taxi normal pero subes con otras personas que no conoces de nada y pagas tu recorrido. Lo segundo más interesante es que pude comer "socarrat". Habrían unos 30 o 40 expositores de paella; podías probar las que quisieras y luego elegir cuál querías comer. Me decidí por una que tenía poco arroz y que sólo le quedaba el "socarrat". Cuando lo pedí, el señor que hizo esa paella me dijo: "tú sí que sabes. A los mexicanos eso no les gusta". Yo contesté: "pues se pierden lo mejor".
Y sí, lo reconozco, echo mucho de menos la comida que hace mi madre. Solo deseo probar nuevamente una fideuà, un arroz a banda, un arroz meloso o un arroz al horno. Cierto, sin arroz no soy persona. Me miro al espejo y pienso: "Toni, estás más delgado". Y, sí, lo estoy. Pero sigo comiendo las mismas cantidades de siempre. Creo, sinceramente, que el tipo de comida mexicana es más digerible porque siempre o casi siempre tengo hambre.
Por lo que respecta a mi día a día, sigo sin poder tener los papeles en regla y sigo aprendiendo expresiones mexicanas. Una de las que más me gusta es "qué pedo". Sería como decir "hostia, no?", o "qué bueno", o "qué mierda" según el contexto. También me sigue sorprendiendo la capacidad que tienen los mexicanos para superarse a sí mismos. Si voy a un bar y pregunto a qué hora se levantó para venir al trabajo me contesta que a las 4 de la madrugada. Si estoy parado en un semáforo con la bici es normal tener a un chico con su carrito de comida que arrastra desde no se sabe dónde. Si subo a un taxi y le pregunto al taxista desde qué hora va con el coche, me puede decir que suele hacer 13 y 14 horas y que solo descansa un día a la semana. Si salgo de casa y me cruzo con el portero posiblemente me diga que no ha podido dormir mucho por la noche y que ahora se marcha a su casa que está a casi dos horas de allí.
Y acabo con una de las imágenes de la última semana: estar en una parada de autobuses, sentarme para comer algo y coincidir en la mesa con un chico que se está comiendo un bocadillo y sudando sin parar. Le pregunté qué le ocurría. Me contestó: "Me enchilé". Eso significa que lo que se está comiendo le pica tanto que por eso suda. Le dije que dejara de comérselo para no sufrir más. Su respuesta fue: "¿Qué dices? Eso es lo que quiero, estar sufriendo". Seguiremos informando.
Si digo que nunca duerme es que sea a la hora que sea siempre hay coches circulando por el DF y personas y hay un movimiento cultural y musical impresionante. Ya he dicho en más de una ocasión que el coche tiene más preferencia que las personas y que en Ciudad de México el tiempo es oro. Tanto es así que hay personas que tardan dos y tres horas en llegar a su lugar de trabajo. Para mí son unos héroes.
Estamos en junio y, en teoría, ya tendría que haber empezado la temporada de lluvias. Sin embargo, durante los días que llevamos de mes, sigue sin llover y han subido las temperaturas. Dicen que durante ese tiempo, cuando llueve, las tormentas son muy grandes. Si os soy sincero, quiero que me pille una de esas tormentas corriendo.
Hace dos semanas salí de la ciudad para visitar Tequisquiapan y La Peña de Bernal, cerca de una ciudad que se llama Querétaro. En la primera ciudad fui porque hacían un festival de la paella en unas cavas (allí es una zona propicia para el cultivo del vino), y en la segunda ciudad porque es uno de los llamados "Pueblos Mágicos". Lo más interesante de ese viaje fue que para trasladarnos de un lugar a otro utilizamos taxis colectivos. Ya me advirtieron que en esa zona son así. Tenía mucha curiosidad por saber cómo eran. Pues son como un taxi normal pero subes con otras personas que no conoces de nada y pagas tu recorrido. Lo segundo más interesante es que pude comer "socarrat". Habrían unos 30 o 40 expositores de paella; podías probar las que quisieras y luego elegir cuál querías comer. Me decidí por una que tenía poco arroz y que sólo le quedaba el "socarrat". Cuando lo pedí, el señor que hizo esa paella me dijo: "tú sí que sabes. A los mexicanos eso no les gusta". Yo contesté: "pues se pierden lo mejor".
Y sí, lo reconozco, echo mucho de menos la comida que hace mi madre. Solo deseo probar nuevamente una fideuà, un arroz a banda, un arroz meloso o un arroz al horno. Cierto, sin arroz no soy persona. Me miro al espejo y pienso: "Toni, estás más delgado". Y, sí, lo estoy. Pero sigo comiendo las mismas cantidades de siempre. Creo, sinceramente, que el tipo de comida mexicana es más digerible porque siempre o casi siempre tengo hambre.
Por lo que respecta a mi día a día, sigo sin poder tener los papeles en regla y sigo aprendiendo expresiones mexicanas. Una de las que más me gusta es "qué pedo". Sería como decir "hostia, no?", o "qué bueno", o "qué mierda" según el contexto. También me sigue sorprendiendo la capacidad que tienen los mexicanos para superarse a sí mismos. Si voy a un bar y pregunto a qué hora se levantó para venir al trabajo me contesta que a las 4 de la madrugada. Si estoy parado en un semáforo con la bici es normal tener a un chico con su carrito de comida que arrastra desde no se sabe dónde. Si subo a un taxi y le pregunto al taxista desde qué hora va con el coche, me puede decir que suele hacer 13 y 14 horas y que solo descansa un día a la semana. Si salgo de casa y me cruzo con el portero posiblemente me diga que no ha podido dormir mucho por la noche y que ahora se marcha a su casa que está a casi dos horas de allí.
Y acabo con una de las imágenes de la última semana: estar en una parada de autobuses, sentarme para comer algo y coincidir en la mesa con un chico que se está comiendo un bocadillo y sudando sin parar. Le pregunté qué le ocurría. Me contestó: "Me enchilé". Eso significa que lo que se está comiendo le pica tanto que por eso suda. Le dije que dejara de comérselo para no sufrir más. Su respuesta fue: "¿Qué dices? Eso es lo que quiero, estar sufriendo". Seguiremos informando.
¿Qué haría sin la música en Ciudad de México?
El funk me inspiró para estar ahora delante del ordenador y escribir estas palabras. Ya he dicho muchas veces que la música es mi aliada para desahogarme, para ver las cosas de otra manera o, simplemente, para pensar que no estoy perdiendo el tiempo en México. Por ejemplo, mientras escucho a un grupo que se llama Funkadelic, desdramatizo todo lo que me ha pasado en las últimas semanas y llego a la conclusión de que no es para tanto, que siempre hay que tratar de tener una sonrisa en la cara y seguir hacia adelante.
Tras más de 8 meses en México puedo decir que todavía no he solucionado mis papeles. Es una situación bastante incómoda puesto que sin papeles no eres nadie. De momento no he encontrado ninguna vía para tenerlos, pero sigo empeñado en conseguirlo. El problema es que para tramitar tus papeles necesitas una oferta de trabajo, pero muchas empresas ya quieren que tú tengas los papeles. De hecho estoy trabajando en una empresa, pero ésta no me lo está solucionando (siempre tienen alguna excusa), así que busco alternativas que, de momento, no he encontrado.
He de reconocer que los papeles es un problema que me quita el sueño. El bálsamo es hacer cosas para olvidarlo, aunque sea por un corto período de tiempo. Por ejemplo, ya he empezado a entrenar con fuerza para el Maratón de Berlín y la cosa va bien. Es curioso, desde que estoy en el DF me sobrecargo menos. Ahora, con la época de lluvias, creo que iré todavía mejor puesto que la respiración será diferente. Siempre he dicho que correr con lluvia es una de las mejores sensaciones de un runner, al menos para mí porque me siento totalmente libre. Todavía no han llegado las lluvias, pero ya me han dicho que cuando llueve, llueve de verdad.
Participar en una carrera en Ciudad de México no es diferente a correr en Valencia. Sí que es cierto que antes de que den la salida, he visto a mucha gente con su móvil haciendo fotos. Y también es cierto que las carreras son mucho más temprano. El otro día corrí un medio maratón y empezó a las 7 de la mañana. Todavía era de noche. Pregunté por qué son tan temprano y me contestaron que tratan de que las calles estén cortadas el menor tiempo posible. Ya se sabe, en la segunda ciudad más grande del mundo cortar calles puede ser un caos.
Otra forma de olvidar los problemas es pasear. Vivo en un barrio que se llama La Condesa, caracterizada por la gran cantidad de bares y restaurantes y parques. Los fines de semana existe un gran ambiente y, la verdad, me lo paso bien cuando me siento y empiezo a observar a la gente que pasa a mi alrededor. El DF es una ciudad muy cosmopolita y puedes ver de todo. En La Condesa, por ejemplo, viven muchos extranjeros (sobre todo franceses). Pero si tuviera que quedarme con una colonia me quedaría con La Roma. Es parecida a La Condesa pero tiene un toque muy diferente. Ayer, por ejemplo, fui caminando por allí con mi música (estuve escuchando a un grupo que se llama Moon Boots) y me gustó el ambiente, las terrazas, las casas, la gente. Me salió una sonrisa y pensé: "algún día, si consigo tener estabilidad en México, quiero vivir aquí".
Y es que una de las cosas que más me ha sorprendido del DF es la gran cantidad de verde que existe en la ciudad. No creía que fuera algo seco, pero tampoco pensé que hubieran tantos bosques, parques, árboles...Lo único malo de la ciudad es la contaminación. La semana pasada, por ejemplo, hubo 3 días seguidos en los que se recomendaba no hacer ejercicio puesto que la tasa de contaminación era muy alta. Lo noto en el color del cielo y, sobre todo, en mi nariz.
Eso sí, al final uno se acostumbra a todo, también a que un taxista te esté contando durante todo el trayecto que es de sitio (significa que tienen un sitio y son más seguros) y que tienen mil y un servicios. O también te acostumbras a ir en bicicleta y hacer lo mismo que hacen los coches, es decir, a no parar en los pasos de peatones o a saltarte semáforos. En Ciudad de México el tiempo es oro. Seguiremos informando.
Tras más de 8 meses en México puedo decir que todavía no he solucionado mis papeles. Es una situación bastante incómoda puesto que sin papeles no eres nadie. De momento no he encontrado ninguna vía para tenerlos, pero sigo empeñado en conseguirlo. El problema es que para tramitar tus papeles necesitas una oferta de trabajo, pero muchas empresas ya quieren que tú tengas los papeles. De hecho estoy trabajando en una empresa, pero ésta no me lo está solucionando (siempre tienen alguna excusa), así que busco alternativas que, de momento, no he encontrado.
He de reconocer que los papeles es un problema que me quita el sueño. El bálsamo es hacer cosas para olvidarlo, aunque sea por un corto período de tiempo. Por ejemplo, ya he empezado a entrenar con fuerza para el Maratón de Berlín y la cosa va bien. Es curioso, desde que estoy en el DF me sobrecargo menos. Ahora, con la época de lluvias, creo que iré todavía mejor puesto que la respiración será diferente. Siempre he dicho que correr con lluvia es una de las mejores sensaciones de un runner, al menos para mí porque me siento totalmente libre. Todavía no han llegado las lluvias, pero ya me han dicho que cuando llueve, llueve de verdad.
Participar en una carrera en Ciudad de México no es diferente a correr en Valencia. Sí que es cierto que antes de que den la salida, he visto a mucha gente con su móvil haciendo fotos. Y también es cierto que las carreras son mucho más temprano. El otro día corrí un medio maratón y empezó a las 7 de la mañana. Todavía era de noche. Pregunté por qué son tan temprano y me contestaron que tratan de que las calles estén cortadas el menor tiempo posible. Ya se sabe, en la segunda ciudad más grande del mundo cortar calles puede ser un caos.
Otra forma de olvidar los problemas es pasear. Vivo en un barrio que se llama La Condesa, caracterizada por la gran cantidad de bares y restaurantes y parques. Los fines de semana existe un gran ambiente y, la verdad, me lo paso bien cuando me siento y empiezo a observar a la gente que pasa a mi alrededor. El DF es una ciudad muy cosmopolita y puedes ver de todo. En La Condesa, por ejemplo, viven muchos extranjeros (sobre todo franceses). Pero si tuviera que quedarme con una colonia me quedaría con La Roma. Es parecida a La Condesa pero tiene un toque muy diferente. Ayer, por ejemplo, fui caminando por allí con mi música (estuve escuchando a un grupo que se llama Moon Boots) y me gustó el ambiente, las terrazas, las casas, la gente. Me salió una sonrisa y pensé: "algún día, si consigo tener estabilidad en México, quiero vivir aquí".
Y es que una de las cosas que más me ha sorprendido del DF es la gran cantidad de verde que existe en la ciudad. No creía que fuera algo seco, pero tampoco pensé que hubieran tantos bosques, parques, árboles...Lo único malo de la ciudad es la contaminación. La semana pasada, por ejemplo, hubo 3 días seguidos en los que se recomendaba no hacer ejercicio puesto que la tasa de contaminación era muy alta. Lo noto en el color del cielo y, sobre todo, en mi nariz.
Eso sí, al final uno se acostumbra a todo, también a que un taxista te esté contando durante todo el trayecto que es de sitio (significa que tienen un sitio y son más seguros) y que tienen mil y un servicios. O también te acostumbras a ir en bicicleta y hacer lo mismo que hacen los coches, es decir, a no parar en los pasos de peatones o a saltarte semáforos. En Ciudad de México el tiempo es oro. Seguiremos informando.
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De temblores, lluvias y sirenas en Ciudad de México
La sensación fue la siguiente: es como si me hubiese mareado por una bajada de tensión. Así me sentí antes del concierto de The Cure en Ciudad de México mientras temblaba la tierra. Fue la segunda vez que noté un temblor desde que estoy en el DF. La verdad es que los capitalinos están acostumbrados, pero las caras que vi a mi alrededor daban la sensación de que, a pesar de la costumbre, no deja de dar miedo y preocupación. Por lo demás, el concierto duró 4 horas y para mí fue como volver a mi juventud, aquella en la que escuchaba Lullaby desde mi habitación mientras estudiaba para un examen de física en el instituto.
Desde hace dos días llueve por las tardes. Es una lluvia diferente, intensa y corta, como si hubiese alguien arriba que te lanzara el agua en cubos. Ayer, por ejemplo, me fui a correr y a los 30 minutos me pilló la lluvia. No crean que me paré, todo lo contrario. El agua me daba en la cara y era una sensación de frescura que todavía no había experimentado desde que estoy en México. Hasta las piernas me iban solas, a un ritmo muy alegre. No os lo creeréis, pero sentirme tan bien mientras corro me ayuda en mi carácter. Hoy estaba más contento.
Si la lluvia es diferente, las sirenas de las ambulancias y de los bomberos también lo son. Una es más corta que otra, pero el sonido es muy diferente. Creo que podríamos clasificar a los países según sus diferentes tipos de sirenas. Todos los días las oigo y todavía no acierto a saber de qué se trata si no lo veo. Algún día me lo enseñaré.
También me cuesta enseñarme los diferentes tipos de salsas que ves en las mesas de los bares y restaurantes. Pueden haber de 1 a 5 ó 6 terrones. Lo curioso es que nunca los utilizo porque todos pican (unos más que menos). El otro día un camarero se sorprendió porque le dije que no iba utilizar ninguna salsa. Me preguntó si nunca comía picante y le contesté que no. Él no supo qué decirme.
Tampoco es fácil aprender los nombres de los diferentes tacos que existen y de las diferentes comidas mexicanas. Como tampoco es fácil entender por qué en los diferentes antros (discotecas) siempre tienes que estar esperando hasta que alguien que está dentro salga y diga que te conoce. Pregunté por qué hacían eso y me dijeron que habitualmente, en los sitios de moda, necesitas tener una invitación.
Por cierto, el fin de semana coincidí con un taxista que ya me llevó un día. El señor se acordó de mí. Era el que me dijo que me casara con una mexicana para solucionar lo de mis papeles. En esta ocasión me preguntó: "¿Qué, me hizo caso?" Cuando le dije que no, me contestó que ya estaba tardando. Sus palabras fueron: "Es un matrimonio falso...al año se separan y ya está, compadre". Me reí porque lo dijo con mucha gracia. La verdad es que el taxi sigue siendo un lugar de abandono, de relajación, de olvido, de surrealismo. Es una suma de muchas cosas. Seguiremos informando.
Desde hace dos días llueve por las tardes. Es una lluvia diferente, intensa y corta, como si hubiese alguien arriba que te lanzara el agua en cubos. Ayer, por ejemplo, me fui a correr y a los 30 minutos me pilló la lluvia. No crean que me paré, todo lo contrario. El agua me daba en la cara y era una sensación de frescura que todavía no había experimentado desde que estoy en México. Hasta las piernas me iban solas, a un ritmo muy alegre. No os lo creeréis, pero sentirme tan bien mientras corro me ayuda en mi carácter. Hoy estaba más contento.
Si la lluvia es diferente, las sirenas de las ambulancias y de los bomberos también lo son. Una es más corta que otra, pero el sonido es muy diferente. Creo que podríamos clasificar a los países según sus diferentes tipos de sirenas. Todos los días las oigo y todavía no acierto a saber de qué se trata si no lo veo. Algún día me lo enseñaré.
También me cuesta enseñarme los diferentes tipos de salsas que ves en las mesas de los bares y restaurantes. Pueden haber de 1 a 5 ó 6 terrones. Lo curioso es que nunca los utilizo porque todos pican (unos más que menos). El otro día un camarero se sorprendió porque le dije que no iba utilizar ninguna salsa. Me preguntó si nunca comía picante y le contesté que no. Él no supo qué decirme.
Tampoco es fácil aprender los nombres de los diferentes tacos que existen y de las diferentes comidas mexicanas. Como tampoco es fácil entender por qué en los diferentes antros (discotecas) siempre tienes que estar esperando hasta que alguien que está dentro salga y diga que te conoce. Pregunté por qué hacían eso y me dijeron que habitualmente, en los sitios de moda, necesitas tener una invitación.
Por cierto, el fin de semana coincidí con un taxista que ya me llevó un día. El señor se acordó de mí. Era el que me dijo que me casara con una mexicana para solucionar lo de mis papeles. En esta ocasión me preguntó: "¿Qué, me hizo caso?" Cuando le dije que no, me contestó que ya estaba tardando. Sus palabras fueron: "Es un matrimonio falso...al año se separan y ya está, compadre". Me reí porque lo dijo con mucha gracia. La verdad es que el taxi sigue siendo un lugar de abandono, de relajación, de olvido, de surrealismo. Es una suma de muchas cosas. Seguiremos informando.
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Las peluquerías de Ciudad de México
Uno de los momentos más divertidos es cuando tengo que ir a la peluquería. Me siento como alguien importante porque así te lo hacen sentir. Desde que estoy en Ciudad de México he ido a 3 peluquerías diferentes y no sabría decir cuál de ellas ha sido la mejor en cuanto al trato. El procedimiento suele ser el siguiente: llegas y de repente se levantan dos o tres personas para atenderte; enseguida te ayudan a quitarte la cazadora y te preguntan si quieres algo para beber y te acompañan al lugar donde te van a cortar el pelo; te sientas, te dan la bebida y a empezar.
Lo más sorprendente de todo es que en dos de las tres peluquerías la persona que se encargó de cortarme el cabello nunca habían trabajado como peluqueros sino que ahora lo hacían porque era un trabajo que encontraron. Lo malo es que siempre me lo dijeron cuando ya llevaban medio trabajo hecho. Eso sí, todos coinciden en cortártelo de manera más lenta, más pausada que cuando estaba en Valencia. Al final te enseñan el corte por detrás y si estás contento ya terminaste.
Normalmente todos suelen ser simpáticos, así como también los camareros. Pero siempre existen excepciones. El otro día, en el restaurante que está en la Torre Latinoamericana (fue el edificio más alto de México hasta hace unos años), llevé a mi padre y mi hermana para que vieran las vistas de la ciudad desde allí. Vino un camarero y le pedimos tres refrescos. El chico vino, nos las dejó y ya no volvimos a saber nada de él hasta que pedimos la cuenta. Puesto que en México es habitual dar propina, también puedes tener la libertad de no darla si crees que no te han tratado bien. En este caso pensé que el chico no había hecho nada extraordinario para que le diese la propina y no se la di. Inmediatamente vino detrás de mí y me dijo lo siguiente: "Usted no ha dejado propina y debe hacerlo". Mi contestación fue: "Bueno, creo que el servicio que has dado no ha sido extraordinario y he decidido no darte propina". El chico se enfadó y me recriminó que no había hecho nada malo. Al final le di la propina.
Reconozco que son situaciones incómodas porque nunca sé cómo actuar y porque me sigue costando aceptar que debo dar propina. Pero hay veces que no se la merecen. Sin embargo, en la gran mayoría de ocasiones, los camareros se exceden (para mi gusto) en el trato, así como también los taxistas cuando subes y empiezas a hablar con ellos. Lo curioso es que cuando llegas a tu destino y les pagas, te despiden rápidamente como si la conversación anterior no hubiese existido.
Esta semana tuve que viajar a Monterrey por cuestiones de trabajo. Era un día y no pude ver mucho de la ciudad, pero la conclusión que saqué fue: calor y feo. Se trataba de un calor sofocante, como si tuvieras una estufa cerca de tu cara en todo momento. Y las partes de la ciudad que pude ver no me dijeron nada: todo muy industrial y algo sucio. Pero me sirvió para sentirme de nuevo periodista puesto que entrevisté a un futbolista profesional mexicano. Esos momentos son los mejores y creo que se me nota cuando lo estoy realizando porque incluso cuando estoy preguntado al entrevistado, noto que levanto más la voz y lo vivo como si fuera mi primera entrevista.
Por lo demás, desde que cambiaron la hora en México, noto que respiro mejor cuando corro. Ya puedo hacer entrenamientos a un ritmo más alegre y no se me carga tanto el pecho. Ahora puedo disfrutar más a pesar de que mi lugar de entrenamiento es una calle que se llama Ámsterdam y que era un antiguo Hipódromo. Es una vuelta de 2 km. La sensación que tengo es la de que soy el pesado de turno que ya ha pasado 3 ó 4 veces mientras alguien está en una terraza tomándose una cerveza. Para mí, lo importante es que las piernas las noto sueltas, ligeras y mi respiración va mejor. Seguiremos informando.
Lo más sorprendente de todo es que en dos de las tres peluquerías la persona que se encargó de cortarme el cabello nunca habían trabajado como peluqueros sino que ahora lo hacían porque era un trabajo que encontraron. Lo malo es que siempre me lo dijeron cuando ya llevaban medio trabajo hecho. Eso sí, todos coinciden en cortártelo de manera más lenta, más pausada que cuando estaba en Valencia. Al final te enseñan el corte por detrás y si estás contento ya terminaste.
Normalmente todos suelen ser simpáticos, así como también los camareros. Pero siempre existen excepciones. El otro día, en el restaurante que está en la Torre Latinoamericana (fue el edificio más alto de México hasta hace unos años), llevé a mi padre y mi hermana para que vieran las vistas de la ciudad desde allí. Vino un camarero y le pedimos tres refrescos. El chico vino, nos las dejó y ya no volvimos a saber nada de él hasta que pedimos la cuenta. Puesto que en México es habitual dar propina, también puedes tener la libertad de no darla si crees que no te han tratado bien. En este caso pensé que el chico no había hecho nada extraordinario para que le diese la propina y no se la di. Inmediatamente vino detrás de mí y me dijo lo siguiente: "Usted no ha dejado propina y debe hacerlo". Mi contestación fue: "Bueno, creo que el servicio que has dado no ha sido extraordinario y he decidido no darte propina". El chico se enfadó y me recriminó que no había hecho nada malo. Al final le di la propina.
Reconozco que son situaciones incómodas porque nunca sé cómo actuar y porque me sigue costando aceptar que debo dar propina. Pero hay veces que no se la merecen. Sin embargo, en la gran mayoría de ocasiones, los camareros se exceden (para mi gusto) en el trato, así como también los taxistas cuando subes y empiezas a hablar con ellos. Lo curioso es que cuando llegas a tu destino y les pagas, te despiden rápidamente como si la conversación anterior no hubiese existido.
Esta semana tuve que viajar a Monterrey por cuestiones de trabajo. Era un día y no pude ver mucho de la ciudad, pero la conclusión que saqué fue: calor y feo. Se trataba de un calor sofocante, como si tuvieras una estufa cerca de tu cara en todo momento. Y las partes de la ciudad que pude ver no me dijeron nada: todo muy industrial y algo sucio. Pero me sirvió para sentirme de nuevo periodista puesto que entrevisté a un futbolista profesional mexicano. Esos momentos son los mejores y creo que se me nota cuando lo estoy realizando porque incluso cuando estoy preguntado al entrevistado, noto que levanto más la voz y lo vivo como si fuera mi primera entrevista.
Por lo demás, desde que cambiaron la hora en México, noto que respiro mejor cuando corro. Ya puedo hacer entrenamientos a un ritmo más alegre y no se me carga tanto el pecho. Ahora puedo disfrutar más a pesar de que mi lugar de entrenamiento es una calle que se llama Ámsterdam y que era un antiguo Hipódromo. Es una vuelta de 2 km. La sensación que tengo es la de que soy el pesado de turno que ya ha pasado 3 ó 4 veces mientras alguien está en una terraza tomándose una cerveza. Para mí, lo importante es que las piernas las noto sueltas, ligeras y mi respiración va mejor. Seguiremos informando.
Visita familiar y mucho más en Ciudad de México
La verdad es que no me puedo quejar. No he estado solo en Semana Santa y Pascua porque mi hermana y mi padre vinieron a visitarme. La presencia de mi padre no estaba prevista o, al menos, yo no lo sabía, pero me encontré con esa sorpresa cuando fui al aeropuerto para recoger a mi hermana. No supe cómo reaccionar, me quedé de piedra.
Lo malo es que no pude estar con ellos el tiempo que hubiese querido porque trabajaba. Sin embargo, ellos se movieron por la ciudad como pez en el agua. Y la conclusión es que les gustó México por sus contrastes. La primera opinión que tuvieron es la siguiente: "aquí siempre están comiendo". La segunda opinión fue: "el DF se parece mucho a Estambul; mucha gente come en la calle, el caos circulatorio es parecido..."
Ahora que ya han vuelto a Valencia, mi preocupación es acabar de acostumbrarme a los tiempos, al ritmo y al carácter de los mexicanos. Sé que pasa por mí y hago todos los esfuerzos necesarios para estar lo mejor posible aquí. Precisamente hace dos días que cumplí 7 meses en Ciudad de México y han pasado muchas cosas. No sé cuándo volveré a ver a mi familia y a mis amigos, pero espero poder hacerlo en verano.
Mientras tanto, sigo utilizando la Ecobici para ir al trabajo y me siguen sorprendiendo las conversaciones que tengo con los taxistas. La última fue bastante surrealista porque el señor, cuando me oyó hablar, me preguntó qué hacia un español en México. Le dije que buscarme la vida como podía. Su respuesta fue: "¿estás de ilegal? Si es así lo tienes muy fácil, cásate con una mexicana y todo arreglado. Luego te separas y ya". Ya no sólo me lo dicen en Migración, también en los taxis. Posteriormente el señor me dijo que era químico y que ganaba más dinero como taxista. Todo muy surrealista.
También es bueno acostumbrarse a que te digan que prefieren no tener una novia o un novio que viva a la otra punta de la ciudad, que te recomienden que le pongas chile hasta en lo dulce o que te pregunten si México me está tratando bien. También es bueno acostumbrarse a que te hablen de marcas y marcas de cerveza y que vayas probando cada vez una diferente. Ahora ya puedo decir que me gusta la Negra Modelo, la Pacífico y la Indio.
Por otro lado, es curioso observar cómo me la juego cada vez que utilizo la bicicleta. Es una manera de conocer cómo se conduce en esta ciudad. La clave es ser listo, avanzarte a los hechos, estar mirando constantemente, tratar de no utilizar una avenida con muchos coches y tener suerte. Al final uno se inmuniza y trata de no pensarlo. Ir en bici es una forma de desahogo, de ver la ciudad desde otra perspectiva. De la misma manera que cuando corro, veo las cosas de otra manera. Seguiremos informando.
Lo malo es que no pude estar con ellos el tiempo que hubiese querido porque trabajaba. Sin embargo, ellos se movieron por la ciudad como pez en el agua. Y la conclusión es que les gustó México por sus contrastes. La primera opinión que tuvieron es la siguiente: "aquí siempre están comiendo". La segunda opinión fue: "el DF se parece mucho a Estambul; mucha gente come en la calle, el caos circulatorio es parecido..."
Una vista de Ciudad de México desde el Castillo de Chapultepec
Ahora que ya han vuelto a Valencia, mi preocupación es acabar de acostumbrarme a los tiempos, al ritmo y al carácter de los mexicanos. Sé que pasa por mí y hago todos los esfuerzos necesarios para estar lo mejor posible aquí. Precisamente hace dos días que cumplí 7 meses en Ciudad de México y han pasado muchas cosas. No sé cuándo volveré a ver a mi familia y a mis amigos, pero espero poder hacerlo en verano.
Mientras tanto, sigo utilizando la Ecobici para ir al trabajo y me siguen sorprendiendo las conversaciones que tengo con los taxistas. La última fue bastante surrealista porque el señor, cuando me oyó hablar, me preguntó qué hacia un español en México. Le dije que buscarme la vida como podía. Su respuesta fue: "¿estás de ilegal? Si es así lo tienes muy fácil, cásate con una mexicana y todo arreglado. Luego te separas y ya". Ya no sólo me lo dicen en Migración, también en los taxis. Posteriormente el señor me dijo que era químico y que ganaba más dinero como taxista. Todo muy surrealista.
También es bueno acostumbrarse a que te digan que prefieren no tener una novia o un novio que viva a la otra punta de la ciudad, que te recomienden que le pongas chile hasta en lo dulce o que te pregunten si México me está tratando bien. También es bueno acostumbrarse a que te hablen de marcas y marcas de cerveza y que vayas probando cada vez una diferente. Ahora ya puedo decir que me gusta la Negra Modelo, la Pacífico y la Indio.
Por otro lado, es curioso observar cómo me la juego cada vez que utilizo la bicicleta. Es una manera de conocer cómo se conduce en esta ciudad. La clave es ser listo, avanzarte a los hechos, estar mirando constantemente, tratar de no utilizar una avenida con muchos coches y tener suerte. Al final uno se inmuniza y trata de no pensarlo. Ir en bici es una forma de desahogo, de ver la ciudad desde otra perspectiva. De la misma manera que cuando corro, veo las cosas de otra manera. Seguiremos informando.
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