Una de las cosas que más me fascina de Ciudad de México es que te puedes conectar a Internet vía WiFi en muchos lugares. Me ha salvado de muchas cosas. En verdad os digo que ya quisieran ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia tener la misma red que existe en el DF. De hecho, ahora mismo estoy escribiendo estas palabras desde un parque público con conexión WiFi.
La verdad es que es curioso estar escribiendo mientras observo cómo un señor vestido de payaso intenta hacer las delicias de los niños y jóvenes, o cómo se desenvuelve un vendedor de pulseras, colgantes y pendientes para atraer a la gente. Y es que estar en un parque y observar es lo mejor para saber en qué ciudad te encuentras. En este caso podría decir que estoy en una ciudad en la que todo es posible.
Se acerca la Semana Santa. En el DF es fiesta el jueves y viernes santo. Hasta hace poco pensaba que serían unos días que no pasarían a la historia. Pero recibí la noticia de que mi hermana vendrá a verme. Una gran alegría. Trataré de ir con ella a algún lugar de la República y le enseñaré la ciudad (la plaza del Zócalo, Coyoacán, el Bosque de Chapultepec, pasear por La Condesa y La Roma o ir a las pirámides de Teotihuacán). Lo importante es que no me sentiré sólo por unos días.
Y no os creáis que, a pesar de llevar casi 7 meses por aquí, no me siguen sorprendiendo cosas. Lo primero que me viene a la cabeza es estar sentado en un banco enfrente de un antro (aquí el antro es una discoteca o un pub) o de un restaurante y ver cómo se las ingenian los encargados de guardar los coches que llegan. A lo mejor es una calle o avenida de una sola dirección, pero ellos no tienen inconveniente en dar marcha atrás metros y metros para buscar un lugar. Que vengan coches no es un problema. Tampoco pasa nada si la gente sale de los estacionamientos sin mirar. Y tampoco es de extrañar que la gran mayoría de los coches que van a esos antros o restaurantes sean de gama alta. Es todo un espectáculo.
Y, sí, me sigue sorprendiendo que en México las cosas siempre estén abiertas a la interpretación. Es decir, es muy difícil cerrar cosas, quedar con alguien de un día para otro. Todo queda abierto. El problema es que si te decides a interpretar las palabras, posiblemente haya días que no recibas respuesta o te quedes esperando de pie en algún lugar.
En cuanto a la comida, voy comiendo cosas mexicanas pero sin volverme loco. Mi estómago todavía no está preparado para lo picante. Lo curioso de ciertos bares es lo que aquí se llama como comida corrida (el tradicional menú en España). Normalmente se compone de una sopa y de otros dos platos. Hasta el momento, me han gustado todas las sopas que he probado porque, fundamentalmente, no pican. En los que se refiere a los otros dos platos, tienes mucho para elegir y siempre puedo evitar lo picante.
No me puedo quejar de la primavera en el DF. Donde vivo hay muchos árboles y es una imagen bonita. Lo malo es que es un clima seco y los mocos van en aumento. El pañuelo es parte fundamental desde hace tiempo y cuando corro lo que hago es sacarlo fuera como puedo, siendo consciente de que la gente que me vea tendrá una mala concepción de mí. Y ya que hablo de correr, ayer tuve una gran alegría cuando una señora que iba en bici me soltó de repente: "ya era hora que hubiera un chico guapo corriendo". Me la quedé mirando y le dije: "ya me ha alegrado el día". Al menos, me sirvió para reír y para pensar que Berlín está más cerca de lo que me pienso.
Y puede ser que no sea la única maratón que corra este año, puesto que en el trabajo me dijeron que quieren que vaya también a la Maratón de Chicago para hacer un reportaje para Gatorade. Es en octubre, pero la pregunta es: ¿seré capaz de aguantar en México hasta esa fecha? Gran pregunta de difícil respuesta. De momento, me quedo con el día a día y con contaros lo que me pasa por aquí. Seguiremos informando.
Blog personal en el que hablo de mi experiencia como emigrante en México y como responsable de Marketing Digital.
En Ciudad de México todo es posible
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¿Qué significa ser emigrante?
No miento si digo que la emigración es uno de los temas de moda. Tampoco miento si afirmo que desde que he emigrado muchos ojos se han fijado en mi particular aventura. Me han dicho de todo: que si soy un valiente, que si soy un ejemplo para muchas personas, que no todos están dispuestos a hacer ese sacrificio...
La verdad es que cuando tomé la decisión, no pensé en nada de eso. Simplemente me decidí a cambiar mi rumbo, a romper con una dinámica que era muy negativa, a desahogarme porque no aguantaba más. Por eso no me considero ningún valiente y no creo que sea ejemplo para nadie. Sin embargo, me alegro de que haya personas que se interesen por mi historia, que me hagan preguntas y que les guste leer lo que escribo por aquí.
Ser emigrante supone muchas cosas. Significa que eres extranjero y que no te van a facilitar las cosas por el simple hecho de serlo. Ser emigrante significa que vienes a un país nuevo por necesidad (la mayoría de las veces es así) y que, efectivamente, si hubieses podido evitar serlo lo hubieras hecho. Y ser emigrante también quiere decir que por mucho que te esfuerces por adaptarte al nuevo país, siempre serás un extranjero y tienes todas las de perder.
Tras medio año en México puedo decir que mi adaptación no es total. Me sigue poniendo nervioso la informalidad y me cuesta aceptar que en este país las diferencias sociales están muy, muy marcadas. Sin embargo, lo acepto y trato de que forme parte de mi día a día. Sí que es cierto que ya me muevo por el DF con una cierta facilidad, hasta el punto de que he empezado a utilizar el servicio de Ecobici que existe y que funciona bastante bien. Y también me he podido adaptar ( a marchas forzadas) a ciertos comportamientos como, por ejemplo, saber que si no confirmas el día de antes de la cita, lo mejor es no ir porque te vas a quedar sólo esperando.
Lo que sí he conseguido es que en el trabajo la gente se lo pase bien con mis insultos españoles. Les hace gracia. Se ríen cuando me cago en algo o cuando utilizo las palabras hostia, gilipollas, que te den...hasta el punto que alguno de ellos ya las usan sin darse cuenta como, por ejemplo, joder. Sí, lo reconozco, soy mal hablado, pero les encanta.
No vayáis a creer que dejé de utilizar el taxi. Para nada. Os voy a contar un secreto. Necesito agarrarlo por lo menos una vez a la semana para sentirme con más libertad, para escuchar historias para no dormir como la de un señor que me contó que hasta hace poco trabajaba en el gobierno de Felipe Calderón y que con el cambio que se produjo en México tuvo que empezar a hacer de taxista para ganar dinero. Y es que una de las cosas más sorprendentes de este país es que tú puedes haber estudiado una determinada carrera, puedes ser profesional de algún ámbito concreto y puedes llegar a trabajar en algo que no tenga nada que ver y que nunca hubieses imaginado que lo podrías hacer.
Y, para variar, acabaré hablando de correr. Sé que soy aburrido pero me gusta compartir con vosotros todo lo que me ocurre. La novedad es que tras una semana fuera del DF (la que estuve en Acapulco por el Open de Tenis), he vuelto a tener problemas para respirar. El domingo hice 13'5 km y acabé vacío. La cuestión será tener paciencia y tranquilidad. Me despido a ritmo de música y recordando la gran victoria de hoy del Barça en la Liga de Campeones. Ah! Sigo sin adaptarme a ver los partidos a mediodía. Seguiremos informando.
La verdad es que cuando tomé la decisión, no pensé en nada de eso. Simplemente me decidí a cambiar mi rumbo, a romper con una dinámica que era muy negativa, a desahogarme porque no aguantaba más. Por eso no me considero ningún valiente y no creo que sea ejemplo para nadie. Sin embargo, me alegro de que haya personas que se interesen por mi historia, que me hagan preguntas y que les guste leer lo que escribo por aquí.
Ser emigrante supone muchas cosas. Significa que eres extranjero y que no te van a facilitar las cosas por el simple hecho de serlo. Ser emigrante significa que vienes a un país nuevo por necesidad (la mayoría de las veces es así) y que, efectivamente, si hubieses podido evitar serlo lo hubieras hecho. Y ser emigrante también quiere decir que por mucho que te esfuerces por adaptarte al nuevo país, siempre serás un extranjero y tienes todas las de perder.
Tras medio año en México puedo decir que mi adaptación no es total. Me sigue poniendo nervioso la informalidad y me cuesta aceptar que en este país las diferencias sociales están muy, muy marcadas. Sin embargo, lo acepto y trato de que forme parte de mi día a día. Sí que es cierto que ya me muevo por el DF con una cierta facilidad, hasta el punto de que he empezado a utilizar el servicio de Ecobici que existe y que funciona bastante bien. Y también me he podido adaptar ( a marchas forzadas) a ciertos comportamientos como, por ejemplo, saber que si no confirmas el día de antes de la cita, lo mejor es no ir porque te vas a quedar sólo esperando.
Lo que sí he conseguido es que en el trabajo la gente se lo pase bien con mis insultos españoles. Les hace gracia. Se ríen cuando me cago en algo o cuando utilizo las palabras hostia, gilipollas, que te den...hasta el punto que alguno de ellos ya las usan sin darse cuenta como, por ejemplo, joder. Sí, lo reconozco, soy mal hablado, pero les encanta.
No vayáis a creer que dejé de utilizar el taxi. Para nada. Os voy a contar un secreto. Necesito agarrarlo por lo menos una vez a la semana para sentirme con más libertad, para escuchar historias para no dormir como la de un señor que me contó que hasta hace poco trabajaba en el gobierno de Felipe Calderón y que con el cambio que se produjo en México tuvo que empezar a hacer de taxista para ganar dinero. Y es que una de las cosas más sorprendentes de este país es que tú puedes haber estudiado una determinada carrera, puedes ser profesional de algún ámbito concreto y puedes llegar a trabajar en algo que no tenga nada que ver y que nunca hubieses imaginado que lo podrías hacer.
Y, para variar, acabaré hablando de correr. Sé que soy aburrido pero me gusta compartir con vosotros todo lo que me ocurre. La novedad es que tras una semana fuera del DF (la que estuve en Acapulco por el Open de Tenis), he vuelto a tener problemas para respirar. El domingo hice 13'5 km y acabé vacío. La cuestión será tener paciencia y tranquilidad. Me despido a ritmo de música y recordando la gran victoria de hoy del Barça en la Liga de Campeones. Ah! Sigo sin adaptarme a ver los partidos a mediodía. Seguiremos informando.
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Los emigrantes tenemos dos fechas de nacimiento
El 6 de marzo cumplí 6 meses en México. El tiempo pasa demasiado rápido como para darme cuenta de todo lo que me ha ocurrido durante tantos días. Lo curioso es que cuando eres emigrante te da la sensación de que tienes dos fechas de nacimiento: la tuya real y la que entraste al nuevo país. Digo esto porque una de las tónicas habituales cuando hablas con algún emigrante como yo, es preguntar cuándo llegó. Diría que es como tu matrícula, como tu nuevo DNI y, en este caso, mi fecha clave ya no sólo es el 11 de febrero, mi cumpleaños, sino también el 6 de septiembre.
Las últimas semanas han sido muy ajetreadas. Se me juntó todo: tener que salir del país porque expiraba mi visa de turista, buscar una nueva habitación puesto que tenía que irme de donde estaba e ir a cubrir el Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco. Vayamos por partes. Lo más agobiante era saber si, efectivamente, ahora están poniendo más trabas para que los extranjeros entren a México. Nada más lejos de la realidad. Salí un viernes hacia San Antonio, Texas, y regresé dos días después a Ciudad de México sin problemas con Migración. De hecho me hicieron menos preguntas que cuando entré por primera vez en septiembre.
Lo que hice en San Antonio no pasará a la historia de la humanidad. Simplemente fui allí porque era el billete de avión más barato que encontré. Principalmente estuve por el Downtown y anduve por el Riverwalk, que es una zona con muchos bares junto a un río. Lo curioso es que siempre que he ido a los Estados Unidos nunca he tenido la posibilidad de poder ir a ver un partido de la NBA puesto que el equipo local siempre ha jugado fuera. En San Antonio me pasó lo mismo.
Mi entrada de nuevo en México fue por todo lo alto. Sin tiempo para respirar, llegué a casa, hice de nuevo la maleta y me marché a Acapulco. Digo que fue por todo lo alto porque por primera vez en mucho tiempo volví a sentirme periodista. Tuve la posibilidad de realizar entrevistas a tenistas, aficionados y estar en una sala de prensa con todo lo que ello conlleva. Fue corto, una semana, pero lo suficiente como para tener de nuevo ilusión por una profesión que nunca voy a intentar abandonar. Eso sí, siempre me acordaré de Acapulco por el calor y por los mosquitos que me dejaron las piernas llenas de picaduras.
Y hoy, 7 de marzo, estoy a un día de mudarme a la nueva casa. Me voy a una colonia que se llama La Condesa. Diría que es una de las zonas más europeas de Ciudad de México junto con la Roma, llena de bares, restaurantes, lugares de copas y un gran ambiente. Lo mejor de todo es que el piso a dónde voy es tan grande que si jugamos al escondite mis futuros compañeros (5) y yo no nos vamos a encontrar. Será una nueva experiencia para mí puesto que nunca he convivido con tanta gente en una misma casa. Por allí hay franceses, españoles y mexicanos.
Y, sí, el running lo llevo regular. Entre tantas cosas, no he podido entrenar lo que quisiera. Pero a partir de este fin de semana ya me centraré para prepararme la Maratón de Berlín. Quiero volver a tener la sensación de libertad, de desahogo, de dejarme llevar mientras corro. Como siempre, lo haré con música, como la que ahora está sonando mientras escribo estas palabras. Seguiremos informando.
Las últimas semanas han sido muy ajetreadas. Se me juntó todo: tener que salir del país porque expiraba mi visa de turista, buscar una nueva habitación puesto que tenía que irme de donde estaba e ir a cubrir el Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco. Vayamos por partes. Lo más agobiante era saber si, efectivamente, ahora están poniendo más trabas para que los extranjeros entren a México. Nada más lejos de la realidad. Salí un viernes hacia San Antonio, Texas, y regresé dos días después a Ciudad de México sin problemas con Migración. De hecho me hicieron menos preguntas que cuando entré por primera vez en septiembre.
Lo que hice en San Antonio no pasará a la historia de la humanidad. Simplemente fui allí porque era el billete de avión más barato que encontré. Principalmente estuve por el Downtown y anduve por el Riverwalk, que es una zona con muchos bares junto a un río. Lo curioso es que siempre que he ido a los Estados Unidos nunca he tenido la posibilidad de poder ir a ver un partido de la NBA puesto que el equipo local siempre ha jugado fuera. En San Antonio me pasó lo mismo.
Mi entrada de nuevo en México fue por todo lo alto. Sin tiempo para respirar, llegué a casa, hice de nuevo la maleta y me marché a Acapulco. Digo que fue por todo lo alto porque por primera vez en mucho tiempo volví a sentirme periodista. Tuve la posibilidad de realizar entrevistas a tenistas, aficionados y estar en una sala de prensa con todo lo que ello conlleva. Fue corto, una semana, pero lo suficiente como para tener de nuevo ilusión por una profesión que nunca voy a intentar abandonar. Eso sí, siempre me acordaré de Acapulco por el calor y por los mosquitos que me dejaron las piernas llenas de picaduras.
Y hoy, 7 de marzo, estoy a un día de mudarme a la nueva casa. Me voy a una colonia que se llama La Condesa. Diría que es una de las zonas más europeas de Ciudad de México junto con la Roma, llena de bares, restaurantes, lugares de copas y un gran ambiente. Lo mejor de todo es que el piso a dónde voy es tan grande que si jugamos al escondite mis futuros compañeros (5) y yo no nos vamos a encontrar. Será una nueva experiencia para mí puesto que nunca he convivido con tanta gente en una misma casa. Por allí hay franceses, españoles y mexicanos.
Y, sí, el running lo llevo regular. Entre tantas cosas, no he podido entrenar lo que quisiera. Pero a partir de este fin de semana ya me centraré para prepararme la Maratón de Berlín. Quiero volver a tener la sensación de libertad, de desahogo, de dejarme llevar mientras corro. Como siempre, lo haré con música, como la que ahora está sonando mientras escribo estas palabras. Seguiremos informando.
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Sonidos inconfundibles en Ciudad de México
Uno de los sonidos más característicos de Ciudad de México es el del avión. Diariamente y en cualquier momento sobrevuelan aviones y aviones por el cielo del DF. Al final este sonido se convierte en parte de tu vida y lo consideras como algo normal, aunque al principio no daba crédito a la cantidad de aviones que salen y llegan a Ciudad de México.
Y es que cuando miras hacia arriba te puedes encontrar muchas sorpresas. Por ejemplo, ver a un helicóptero, bajar la cabeza y observar a un guardia de tráfico gesticular más de la cuenta. Me quedé alucinado con lo que hacía el policía. El señor me miró y me guiñó el ojo riéndose. Cuando me acerqué a él me dijo que estaba haciendo como que trabajaba porque lo estaban vigilando desde el aire. No supe qué decirle. El hombre insistió que estaba contento porque de momento no lo habían pillado sin hacer nada.
Otro sonido inconfudible es el de los vendedores de tamales. Bueno, ellos no hablan, lo hace un megáfono. Y no tienen ninguna hora concreta para ir por las calles. Lo mismo escuchas esa voz a las 9 de la mañana de un domingo que a las 10 de la noche de un jueves.
Y es que estamos rodeados de sonidos, de situaciones que tal vez no las vuelvas a ver...o sí. No sé si volveré a encontrarme a algún taxista como el de ayer que empezó a hablarme de la NBA (liga de baloncesto de los Estados Unidos), o al de hace unos días que me habló de lo que para él es México y lo que debería hacer el país para "librarse" del control de los Estados Unidos. O, tal vez, vuelva a coincidir con el taxista que me comentó que nunca había salido del país y que su gran ilusión es poder tener unas vacaciones con su familiar fuera de México.
A pesar de que ya hablé del tema, me sigue sorprendiendo la variedad que existe en la decoración de un autobús. En muchos casos existen símbolos religiosos, pero creo que lo de ayer superó todo lo visto hasta ahora. El conductor tenía un altar en pequeñito a su lado, con flores y todo. En otras ocasiones me he encontrado con muñecos, pegatinas o frases inspiradoras.
Por cierto, a pesar de llevar casi medio año en Ciudad de México, no he visto todo lo que tengo que ver. Todavía no he ido al Museo de Antropología. Nunca encuentro el domingo adecuado para hacerlo porque normalmente prefiero aprovechar que cortan el Paseo de la Reforma (una de las avenidas más importantes del DF) para correr. Pero prometo hacerlo pronto. No podrá ser el próximo fin de semana puesto que tengo que salir del país antes de que expire mi visa de turista. El lugar elegido ha sido San Antonio, Texas. Es una ciudad que no tiene nada de especial. La elegí porque fue el billete de avión más barato que encontré. Eso sí, para los mexicanos es una ciudad clave puesto que allí van muchos de ellos a comprar ropa (dicen que es más barata).
El Ángel de la Independencia está en el Paseo de la Reforma. Aquí estoy sentado.
Por lo demás, mis entrenamientos van en aumento. Mi objetivo es el Maratón de Berlín de septiembre y pronto tengo que empezar a hacer rodajes más largos. Tendré que pensar alguna ruta para poder hacerlos. De momento sigo corriendo en un parque rectangular. Es aburrido porque sólo doy vueltas. Aunque creo que es más aburrido para los que están allí porque es normal que se harten de verme. Ayer, por ejemplo, estuve una hora dale que te pego y una pareja estuvo allí sentada durante todo mi entrenamiento. Estoy seguro que al final dijeron: "chico, ya lo tienes bien, ¿no?"
Espero que el próximo post que escriba sea para deciros que ya encontré una nueva habitación. De momento todo lo que he visto no me ha gustado, hasta el punto de que en la última cita llegué a la finca y, al verla, decidí darme la vuelta y marcharme. Seguiremos informando.
Y es que cuando miras hacia arriba te puedes encontrar muchas sorpresas. Por ejemplo, ver a un helicóptero, bajar la cabeza y observar a un guardia de tráfico gesticular más de la cuenta. Me quedé alucinado con lo que hacía el policía. El señor me miró y me guiñó el ojo riéndose. Cuando me acerqué a él me dijo que estaba haciendo como que trabajaba porque lo estaban vigilando desde el aire. No supe qué decirle. El hombre insistió que estaba contento porque de momento no lo habían pillado sin hacer nada.
Otro sonido inconfudible es el de los vendedores de tamales. Bueno, ellos no hablan, lo hace un megáfono. Y no tienen ninguna hora concreta para ir por las calles. Lo mismo escuchas esa voz a las 9 de la mañana de un domingo que a las 10 de la noche de un jueves.
Y es que estamos rodeados de sonidos, de situaciones que tal vez no las vuelvas a ver...o sí. No sé si volveré a encontrarme a algún taxista como el de ayer que empezó a hablarme de la NBA (liga de baloncesto de los Estados Unidos), o al de hace unos días que me habló de lo que para él es México y lo que debería hacer el país para "librarse" del control de los Estados Unidos. O, tal vez, vuelva a coincidir con el taxista que me comentó que nunca había salido del país y que su gran ilusión es poder tener unas vacaciones con su familiar fuera de México.
A pesar de que ya hablé del tema, me sigue sorprendiendo la variedad que existe en la decoración de un autobús. En muchos casos existen símbolos religiosos, pero creo que lo de ayer superó todo lo visto hasta ahora. El conductor tenía un altar en pequeñito a su lado, con flores y todo. En otras ocasiones me he encontrado con muñecos, pegatinas o frases inspiradoras.
Por cierto, a pesar de llevar casi medio año en Ciudad de México, no he visto todo lo que tengo que ver. Todavía no he ido al Museo de Antropología. Nunca encuentro el domingo adecuado para hacerlo porque normalmente prefiero aprovechar que cortan el Paseo de la Reforma (una de las avenidas más importantes del DF) para correr. Pero prometo hacerlo pronto. No podrá ser el próximo fin de semana puesto que tengo que salir del país antes de que expire mi visa de turista. El lugar elegido ha sido San Antonio, Texas. Es una ciudad que no tiene nada de especial. La elegí porque fue el billete de avión más barato que encontré. Eso sí, para los mexicanos es una ciudad clave puesto que allí van muchos de ellos a comprar ropa (dicen que es más barata).
El Ángel de la Independencia está en el Paseo de la Reforma. Aquí estoy sentado.
Por lo demás, mis entrenamientos van en aumento. Mi objetivo es el Maratón de Berlín de septiembre y pronto tengo que empezar a hacer rodajes más largos. Tendré que pensar alguna ruta para poder hacerlos. De momento sigo corriendo en un parque rectangular. Es aburrido porque sólo doy vueltas. Aunque creo que es más aburrido para los que están allí porque es normal que se harten de verme. Ayer, por ejemplo, estuve una hora dale que te pego y una pareja estuvo allí sentada durante todo mi entrenamiento. Estoy seguro que al final dijeron: "chico, ya lo tienes bien, ¿no?"
Espero que el próximo post que escriba sea para deciros que ya encontré una nueva habitación. De momento todo lo que he visto no me ha gustado, hasta el punto de que en la última cita llegué a la finca y, al verla, decidí darme la vuelta y marcharme. Seguiremos informando.
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El tráfico en Ciudad de México: un mundo aparte
Sin lugar a dudas la imagen de la semana me la encontré ayer cerca del Ángel de la Independencia, uno de los monumentos más importantes de la Ciudad de México. Estaba esperando en un paso de peatones para cruzar. El semáforo de los coches estaba en verde, pero no podían pasar porque unos policías estaban en el medio. Su intención era aligerar el tráfico en sentido perpendicular. Lo que me asombró fue que los coches que estaban parados empezaron a pitar y pitar sin parar e incluso alguno se saltó el cordón de los policías y pasó sin problemas. Y es que creo que junto con El Cairo, el DF es la ciudad donde más estoy escuchando el pito de los coches.
Hablando de vehículos, en México DF también hay gorrillas. La diferencia es que muchas veces no lo ves. Sólo distingues una botella o un recipiente de plástico en la mitad de una zona de aparcamiento. Cuando haces la intención de quitarlo es cuando aparece de la nada para preguntarte si vas a aparcar.
El tráfico y el caos se contraponen a la meteorología que ahora estamos viviendo. A pesar de ser febrero y de que me dijeron que era un mes de frío, la verdad es que la temperatura de ahora me recuerda a los mesos de mayo y junio de Valencia. Sin embargo, ahora es una temporada muy seca y lo noto mucho. Lo malo es que en abril hará mucho calor y habrá que esperar a mayo-junio para que empiecen las lluvias y se refresque y humedezca el ambiente.
Ahora ya puedo decir que tengo 37 años. Es un número bonito, pero hubiese preferido quedarme en los 36. A pesar de la distancia y de la diferencia horaria, mucha gente me felicitó. A lo mejor os parece una tontería, pero el simple hecho de que alguien te diga "Felicidades" es un momento de alegría puesto que alguien se ha acordado de ti o, al verlo en su calendario de Facebook, ha tenido la voluntad de escribirlo. El hecho de cumplir años en México me permitió comprobar que aquí eres el auténtico protagonista en el sentido amplio de la palabra, puesto que la tradición es que los demás te traigan un pastel y no lo hagas tú, hasta el punto de que si sobra tienes el derecho (y diría también la obligación) de llevártelo a casa.
Mientras escribo estas palabras estoy escuchando un grupo mexicano que se llaman Sixties Guns. Son de Tijuana y me han sorprendido gratamente. También me sorprendió hoy ver a una mujer con su perro y agarrarlo cuando pasé corriendo. La saludé, la aplaudí y le di las gracias. Eso sí, al cabo de 5 minutos me vi en el suelo puesto que ya era de noche y tropecé con una de tantas alcantarillas que se salen por encima. Por si acaso, me levanté enseguida para que nadie me viera, aunque no lo logré; alguien me vio.
Y es que aunque estés en la mejor calle de la ciudad, es obligatorio mirar siempre hacia abajo. Los baches y los agujeros están a la orden del día. Forma parte de la idiosincrasia de un país en el que todo es posible, hasta el punto de que en el trabajo regales unas entradas para un partido y los afortunados no vengan a por ellas, o que un autobús se enfade contigo porque estés cruzando un paso de peatones. Mi reacción fue saludarle.
Hoy me estreno con una fotografía. Intentaré ir añadiendo algunas más para que os acerquéis a una ciudad que te sorprende día a día. Seguiremos informando.
El Ángel de la Independencia
Hablando de vehículos, en México DF también hay gorrillas. La diferencia es que muchas veces no lo ves. Sólo distingues una botella o un recipiente de plástico en la mitad de una zona de aparcamiento. Cuando haces la intención de quitarlo es cuando aparece de la nada para preguntarte si vas a aparcar.
El tráfico y el caos se contraponen a la meteorología que ahora estamos viviendo. A pesar de ser febrero y de que me dijeron que era un mes de frío, la verdad es que la temperatura de ahora me recuerda a los mesos de mayo y junio de Valencia. Sin embargo, ahora es una temporada muy seca y lo noto mucho. Lo malo es que en abril hará mucho calor y habrá que esperar a mayo-junio para que empiecen las lluvias y se refresque y humedezca el ambiente.
Ahora ya puedo decir que tengo 37 años. Es un número bonito, pero hubiese preferido quedarme en los 36. A pesar de la distancia y de la diferencia horaria, mucha gente me felicitó. A lo mejor os parece una tontería, pero el simple hecho de que alguien te diga "Felicidades" es un momento de alegría puesto que alguien se ha acordado de ti o, al verlo en su calendario de Facebook, ha tenido la voluntad de escribirlo. El hecho de cumplir años en México me permitió comprobar que aquí eres el auténtico protagonista en el sentido amplio de la palabra, puesto que la tradición es que los demás te traigan un pastel y no lo hagas tú, hasta el punto de que si sobra tienes el derecho (y diría también la obligación) de llevártelo a casa.
Mientras escribo estas palabras estoy escuchando un grupo mexicano que se llaman Sixties Guns. Son de Tijuana y me han sorprendido gratamente. También me sorprendió hoy ver a una mujer con su perro y agarrarlo cuando pasé corriendo. La saludé, la aplaudí y le di las gracias. Eso sí, al cabo de 5 minutos me vi en el suelo puesto que ya era de noche y tropecé con una de tantas alcantarillas que se salen por encima. Por si acaso, me levanté enseguida para que nadie me viera, aunque no lo logré; alguien me vio.
Y es que aunque estés en la mejor calle de la ciudad, es obligatorio mirar siempre hacia abajo. Los baches y los agujeros están a la orden del día. Forma parte de la idiosincrasia de un país en el que todo es posible, hasta el punto de que en el trabajo regales unas entradas para un partido y los afortunados no vengan a por ellas, o que un autobús se enfade contigo porque estés cruzando un paso de peatones. Mi reacción fue saludarle.
Hoy me estreno con una fotografía. Intentaré ir añadiendo algunas más para que os acerquéis a una ciudad que te sorprende día a día. Seguiremos informando.
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Un cumpleaños extraño en Ciudad de México
Mientras escribo esto ya es mi cumpleaños en España, pero no en México. Raro, ¿verdad? Así que no sé qué hacer, no sé cuándo celebrarlo. Lo que sí que sé es que será un aniversario extraño porque no lo podré celebrar como quisiera. De todas maneras, la gente que me conoce se está acordando de mí y no me encuentro sólo.
Ya que hablamos de cumplir años, una de las imágenes que más me encuentro los fines de semana es la de buen número de limusinas custodiadas por jóvenes mexicanos. Al principio no sabía de qué iba la historia y pregunté al primer peatón que encontré. Me explicó que en México cuando las chicas cumplen 15 años celebran que ya son mujeres y hacen una fiesta. En muchas ocasiones alquilan una limusina e invitan a sus amigos. En una de tantas, la quinceañera me miró cuando me los crucé y me saludó. Inmediatamente recordé cuando tenía 15 años.
Y ya que hablamos de edad, creo que los mexicanos son "come años". Hoy, por ejemplo, el señor del taxi me dijo que tenía 73 años. Parecía mucho más joven. También me ocurre con mis compañeros de trabajo. Todos parecen más jóvenes.
El taxi en México es un mundo que me aporta mucho. Las conversaciones que tengo son dignas de grabación. Ayer tuve la mejor. Pregunté al taxista cómo le iba el día y me contestó que muy bien, que no tenía derecho a quejarse porque sólo vivimos una vez y que agradecía poder trabajar. Sus palabras me marcaron bastante porque precisamente vine a México porque no encontraba una oportunidad laboral en España y porque mucha gente lo está pasando mal. Tanto es así que este sábado más de 800 personas fueron despedidas de Canal 9. Para mí fue muy triste porque echaron a ex compañeros de trabajo que me lo enseñaron todo.
Mientras espero que ya sea 11 de febrero en México, aprovecho para deciros que, de momento, no he vuelto a comer tacos en la calle, pero sí que probé un mezcal muy bueno. El mezcal es de la familia del tequila, pero me pareció más bueno porque era más afrutado. Lo más curioso fue que no se toma con trozos de limón sino con trozos de naranja. Me gustó la mezcla.
En pocos días debo cambiarme de casa y también debo salir del país porque el 4 de marzo expira mi visa de turista. Todavía no sé a dónde volaré para poder generar 180 días como turista. De momento sigo sin poder tramitar mi visa de trabajo y hoy ya sé cuál es el motivo. Según la persona que decidió sobre mi expediente, existió un defecto de forma puesto que entendió que periodista y corresponsal no son lo mismo. En Migración me dijeron que presentara mis papeles en el grupo de corresponsal porque así lo reflejaba mi situación (muy raro), y resulta que después me dicen que los papeles no estaban bien porque tendría que haber puesto periodista. En fin, sin comentarios.
Por cierto, ya estoy más tranquilo. El otro día me crucé con un corredor y pude notar que tiene los mismos síntomas que yo: mucha mucosidad y respiración un poco jadeante. Pensaba que sólo me pasaba a mí. Espero poder adaptarme definitivamente a la altura en poco tiempo, porque no consigo correr con comodidad. Hoy, por ejemplo, hice 13 km y bien, pero no siento esa frescura que tenía antes de venir a México.
Hoy, para acabar mi relato, quiero daros las gracias por leer mis palabras. Nunca pensé que pudieran interesar las historias de alguien como yo, un chico corriente que por X motivos decidió emigrar. Los mensajes de ánimo en redes sociales y los comentarios de la gente cada vez que escribo me ayudan a seguir adelante. Si no fuera así, creo que no hubiese aguantado 5 meses en México. Seguiremos informando.
Ya que hablamos de cumplir años, una de las imágenes que más me encuentro los fines de semana es la de buen número de limusinas custodiadas por jóvenes mexicanos. Al principio no sabía de qué iba la historia y pregunté al primer peatón que encontré. Me explicó que en México cuando las chicas cumplen 15 años celebran que ya son mujeres y hacen una fiesta. En muchas ocasiones alquilan una limusina e invitan a sus amigos. En una de tantas, la quinceañera me miró cuando me los crucé y me saludó. Inmediatamente recordé cuando tenía 15 años.
Y ya que hablamos de edad, creo que los mexicanos son "come años". Hoy, por ejemplo, el señor del taxi me dijo que tenía 73 años. Parecía mucho más joven. También me ocurre con mis compañeros de trabajo. Todos parecen más jóvenes.
El taxi en México es un mundo que me aporta mucho. Las conversaciones que tengo son dignas de grabación. Ayer tuve la mejor. Pregunté al taxista cómo le iba el día y me contestó que muy bien, que no tenía derecho a quejarse porque sólo vivimos una vez y que agradecía poder trabajar. Sus palabras me marcaron bastante porque precisamente vine a México porque no encontraba una oportunidad laboral en España y porque mucha gente lo está pasando mal. Tanto es así que este sábado más de 800 personas fueron despedidas de Canal 9. Para mí fue muy triste porque echaron a ex compañeros de trabajo que me lo enseñaron todo.
Mientras espero que ya sea 11 de febrero en México, aprovecho para deciros que, de momento, no he vuelto a comer tacos en la calle, pero sí que probé un mezcal muy bueno. El mezcal es de la familia del tequila, pero me pareció más bueno porque era más afrutado. Lo más curioso fue que no se toma con trozos de limón sino con trozos de naranja. Me gustó la mezcla.
En pocos días debo cambiarme de casa y también debo salir del país porque el 4 de marzo expira mi visa de turista. Todavía no sé a dónde volaré para poder generar 180 días como turista. De momento sigo sin poder tramitar mi visa de trabajo y hoy ya sé cuál es el motivo. Según la persona que decidió sobre mi expediente, existió un defecto de forma puesto que entendió que periodista y corresponsal no son lo mismo. En Migración me dijeron que presentara mis papeles en el grupo de corresponsal porque así lo reflejaba mi situación (muy raro), y resulta que después me dicen que los papeles no estaban bien porque tendría que haber puesto periodista. En fin, sin comentarios.
Por cierto, ya estoy más tranquilo. El otro día me crucé con un corredor y pude notar que tiene los mismos síntomas que yo: mucha mucosidad y respiración un poco jadeante. Pensaba que sólo me pasaba a mí. Espero poder adaptarme definitivamente a la altura en poco tiempo, porque no consigo correr con comodidad. Hoy, por ejemplo, hice 13 km y bien, pero no siento esa frescura que tenía antes de venir a México.
Hoy, para acabar mi relato, quiero daros las gracias por leer mis palabras. Nunca pensé que pudieran interesar las historias de alguien como yo, un chico corriente que por X motivos decidió emigrar. Los mensajes de ánimo en redes sociales y los comentarios de la gente cada vez que escribo me ayudan a seguir adelante. Si no fuera así, creo que no hubiese aguantado 5 meses en México. Seguiremos informando.
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Las repercusiones de comer tacos en las calles del DF
Tras 5 meses en México, al final me decidí a comer unos tacos en la calle. Sí, lo sé, fue una decisión arriesgada, pero lo tenía que hacer para saber si mi estómago ya estaba lo suficientemente fuerte como para aguantarlo. La verdad es que estaban buenos. Me comí 4: dos de suadero (carne de vaca) y dos de campechano (carne de vaca con longaniza o chorizo). Unas horas después estaba feliz porque no noté ningún tipo de consecuencia gastrointestinal. Sin embargo, por la noche empezó el festival. Me ahorraré algunos detalles, pero la conclusión es que mi estómago todavía no está preparado para comer tacos en la calle.
De la misma manera sigo sin acostumbrarme a tener que esperar en un paso de cebra. Lo que hago es empezar a caminar e indicar a los coches que paren. Por suerte me suelen hacer caso, aunque alguno se enfada conmigo. Lo normal sería que yo me enfadara con ellos. Es toda una aventura cruzar una avenida muy importante. Cuando estoy cruzando un paso de peatones me siento bien porque es el único momento que me siento más importante que el coche. Es una liberación.
Tampoco me he acostumbrado a que preguntes a un conductor de autobús si va a una determinada dirección y que me conteste otra cosa que nada tiene que ver con lo que le he preguntado. Me ha ocurrido en algunas ocasiones; la última fue el pasado fin de semana. Pregunté al señor si su autobús iba en dirección a la Colonia Condesa. Me dijo que iba al Metro Sevilla. Le volví a preguntar si pasaba por Condesa y me dijo que iba a Metro Sevilla. A la tercera tampoco fue la vencida. Al final decidí pagar, sentarme y esperar.
No sé si os ha pasado alguna vez pero, dependiendo de la canción ,veo las cosas de una manera o de otra. Si, por ejemplo, estoy caminando y estoy escuchando una canción que me pone las pilas, veo la Ciudad de México como algo interesante, como una aventura que a lo mejor muchos querrían hacer. Si estoy escuchando una canción más tranquila pienso que el DF es un caos, una anarquía. Lo mismo me ocurre cuando antes de salir de casa he escuchado o no una canción que me ha hecho sonreír. Si lo he hecho, salgo de mi habitación como si fuera la persona más importante del mundo. Si no lo he hecho es como si me faltara algo, como si estuviera triste.
Una de las mejores imágenes que me he podido encontrar en los últimos días fue cuando vi Ciudad de México desde la altura. Fue desde la Torre Latino, un edificio que durante un tiempo fue el más alto de la ciudad y que se encuentra cerca del Zócalo. Era de noche y lo que me encontré fue maravilloso. Desde siempre he sido un enamorado de las imágenes aéreas, de ver ciudades desde lo alto. Me senté y me quedé una hora sin hacer nada, sólo mirando, sólo comprobando si había estado en un lugar determinado o no. Desde que estoy en el DF ha sido uno de los momentos de mayor libertad que he tenido.
Libertad, qué gran palabra. No entiendo que algunos estén en contra de ella, ya sea porque no te dejan trabajar con tranquilidad, ya sea porque te autoimpones restricciones tontas, ya sea porque tienes prejuicios y miedos. Animo a la gente que desea tener libertad, que desea tomar una decisión pero tiene miedo de hacerlo. Mucha gente me ha preguntado últimamente si le recomiendo que venga a México. Mi contestación es simple: "haz lo que te dicte el corazón, haz lo que desees". Seguiremos informando.
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