Ya hace demasiado tiempo que me hago la siguiente pregunta: "¿hasta qué punto un país que forma parte de la UE debe estar obligado a cumplir el objetivo de déficit?" Lo malo es que la respuesta que me viene es muy cruel: "porque se decidió entrar en una estructura hecha a la medida de Francia y Alemania".
Efectivamente, ahora todos reniegan de Ángela Merkel, de su tozudez, de su sangre fría, de su falta de sensibilidad, de no querer aceptar algo como los eurobonos. Pero lo mejor sería ponernos en su lugar. ¿Qué haríamos? Me atrevo a aventurar que el 99% haríamos lo mismo. Porque, ¿quién quiere dejar dinero sin nada a cambio? ¿Por qué razón Alemania lo tiene que hacer?
Tal vez el problema no es la situación actual, sino que no que la enfermedad no se previno cuando tocaba. Porque, ¿alguien hizo un estudio sobre las posibilidades, necesidades, riesgos de entrar en la UE? ¿España estaba preparada para seguir ese paso?
La clave de su entrada ya no es el hecho en sí, sino que se trata de estudiar y ver si España se adaptó a sus circunstancias. Cierto que algunos de los males de este país también tengan que ver con ciertas permisibilidades de Bruselas, pero la estructura de un país como España, ¿estaba preparada para un cambio tan radical?
Muchas voces afirman que la entrada de España en la UE ha supuesto una modernización del país. Posiblemente, pero ¿de qué modernización hablamos? Parece que todo lo que se ha conseguido se vuelva en contra. Las políticas de recortes que está llevando el Gobierno de Mariano Rajoy son precisamente un efecto contrario a lo que se llama modernización.
Porque, ¿es modernización que no haya una buena sanidad o educación públicas? ¿Es modernización que los sueldos cada vez sean más bajos o que se tengan que trabajar más horas por menos dinero? ¿Es modernización que muchos políticos estén relacionados con casos de corrupción o que hayan despilfarrado el dinero público en farándulas y fiestas de guardar?
No soy un experto de economía ni pretendo serlo. Pero tras leer que el principal problema de España no es la deuda pública sino la privada, puedo afirmar que esta crisis es una estafa y la estamos pagando una sociedad que sí que ha luchado por modernizar el país tras una larga dictadura.
Blog personal en el que hablo de mi experiencia como emigrante en México y como responsable de Marketing Digital.
La UE y la modernización: España camina hacia atrás
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Ni solvencia ni credibilidad
España tiene un problema de solvencia y, a su vez, de credibilidad. Estos dos factores han supuesto un golpe muy importante para la economía española. A pesar de la victoria de la derecha en Grecia, la prima de riesgo sigue sin dejar en paz a un país abocado a un segundo rescate. Cuando estudié periodismo, una de las asignaturas era Introducción a la Economía. Tratamos aspectos relacionados con la credibilidad de un país y sus efectos positivos y negativos.
Cierto es que el sistema capitalista ha permitido y permite que un determinado número de personas y empresas se dediquen a especular para ganar dinero, a costa de hundir una determinada economía o país. Pero también es cierto que la falta de credibilidad de un país supone la huida no sólo de capital sino también la no presencia de nuevos inversores.
La credibilidad la podríamos medir en términos no sólo de datos sino también de hechos. Hace pocos meses Mariano Rajoy estaba convencido que España no llegaría a la situación actual. Pero la solvencia y la credibilidad se la gana alguien día a día. Difícilmente un país puede tener la confianza de otros si su presidente no se avanza a los hechos y actúa siempre a posteriori. Tampoco se puede entender que el presidente de un país no aparezca durante toda una semana mientras España se está jugando su futuro a nivel europeo.
Algunos analistas han afirmado que Rajoy actúa como cuando estaba en la oposición. Otros entienden que su técnica de solucionar los problemas dejando pasar el tiempo ya no sirve mientras se está gobernando. Ya comenté que su política de comunicación deja mucho que desear y que es curioso que el PP, un partido que ha entendido que la comunicación es fundamental para conseguir su objetivo, no tenga en cuenta que la credibilidad de un político y de un gobierno pasa inexorablemente por una buena política de comunicación.
El gobierno está mal valorado y su jefe ha sido objeto de burla y reproches a nivel nacional e internacional. Pero parece que Mariano Rajoy sigue sin enterarse. Lo importante sería saber si no se ha dado cuenta porque no tiene capacidad para hacerlo o porque, como bien decía Iñaki Gabilondo, "se está aznarizando". No es posible que la única comparecencia que ha realizado el Presidente del Gobierno durante la semana más dura desde que España está en el euro, haya sido en un acto del PP.
No es la primera vez que Rajoy confunde partido y gobierno. Y no es la primera vez que aparece sin conseguir que España salga reforzada. Aunque me repita, me sorprende que nadie de su absoluta confianza le indique que tiene que intentar ser más creíble o, al menos parecerlo. Un país que está en el ojo del huracán necesita un gobierno fuerte y un presidente a la altura de las circunstancias. ¿Lo tenemos?
Cierto es que el sistema capitalista ha permitido y permite que un determinado número de personas y empresas se dediquen a especular para ganar dinero, a costa de hundir una determinada economía o país. Pero también es cierto que la falta de credibilidad de un país supone la huida no sólo de capital sino también la no presencia de nuevos inversores.
La credibilidad la podríamos medir en términos no sólo de datos sino también de hechos. Hace pocos meses Mariano Rajoy estaba convencido que España no llegaría a la situación actual. Pero la solvencia y la credibilidad se la gana alguien día a día. Difícilmente un país puede tener la confianza de otros si su presidente no se avanza a los hechos y actúa siempre a posteriori. Tampoco se puede entender que el presidente de un país no aparezca durante toda una semana mientras España se está jugando su futuro a nivel europeo.
Algunos analistas han afirmado que Rajoy actúa como cuando estaba en la oposición. Otros entienden que su técnica de solucionar los problemas dejando pasar el tiempo ya no sirve mientras se está gobernando. Ya comenté que su política de comunicación deja mucho que desear y que es curioso que el PP, un partido que ha entendido que la comunicación es fundamental para conseguir su objetivo, no tenga en cuenta que la credibilidad de un político y de un gobierno pasa inexorablemente por una buena política de comunicación.
El gobierno está mal valorado y su jefe ha sido objeto de burla y reproches a nivel nacional e internacional. Pero parece que Mariano Rajoy sigue sin enterarse. Lo importante sería saber si no se ha dado cuenta porque no tiene capacidad para hacerlo o porque, como bien decía Iñaki Gabilondo, "se está aznarizando". No es posible que la única comparecencia que ha realizado el Presidente del Gobierno durante la semana más dura desde que España está en el euro, haya sido en un acto del PP.
No es la primera vez que Rajoy confunde partido y gobierno. Y no es la primera vez que aparece sin conseguir que España salga reforzada. Aunque me repita, me sorprende que nadie de su absoluta confianza le indique que tiene que intentar ser más creíble o, al menos parecerlo. Un país que está en el ojo del huracán necesita un gobierno fuerte y un presidente a la altura de las circunstancias. ¿Lo tenemos?
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Rajoy tiene un grave problema con la comunicación
El Gobierno de Mariano Rajoy tiene un serio problema de comunicación. No de ahora, sino desde el día siguiente de ganar las elecciones. O no se han enterado o no quieren saberlo. Tal vez no se den cuenta que una mala comunicación tiene consecuencias devastadoras para un gobierno, hasta el punto de que puede suponer la pérdida de credibilidad.
Es difícil de creer que en el entorno de Rajoy nadie, absolutamente nadie, le dijera que el sábado tenía que comparecer, dar la cara tras la decisión de pedir un rescate a la UE. Es un error que el presidente de un gobierno ni puede ni debe permitirse, sobre todo porque se trata del día más importante desde que está al frente de un país.
Lo más preocupante es reconocer la falta tras ver la reacción de la sociedad. Un dirigente no se puede permitir el lujo de actuar a posteriori, porque demuestra debilidad, falta de liderazgo y de ideas y ausencia de tacto. Desgraciadamente estamos acostumbrados a ver cómo un presidente se mueve por intereses personales y no de gestión de lo público y, por lo tanto, de actuar pensando en los ciudadanos y ciudadanas.
A pesar de que no es la primera vez que Rajoy se esconde, sí que es sorprendente que lo repita, sobre todo si hace pocos días recomendó a los periodistas que ante cualquier duda le preguntasen a él. Lo tienen complicado si sus comparecencias son escasas. Algunos atribuyen su ausencia a una estrategia meditada en la que lo importante es primero trabajar y luego explicar. A la sociedad, sin embargo, le es difícil entender esta teoría cuando lo que quiere son respuestas rápidas a determinados hechos.
La comunicación de un gobierno no es sólo qué decir y cómo decirlo. También son los gestos y las actitudes. ¿Qué conclusión podemos sacar de un presidente que ante la situación que está viviendo España decida irse a Polonia para ver a la selección española de fútbol? ¿Fue adecuado ese viaje? ¿Nadie le dijo que no fuera porque no tocaba? ¿Cree Rajoy que el trabajo ya estaba hecho y por eso se podía marchar?
Una de las cosas que no se puede permitir un gobierno es contradecirse y marear la perdiz. Rajoy consiguió reunir estas dos palabras en su comparecencia sobre el rescate. Se contradijo en dos aspectos fundamentales: desautorizó a su ministro de Economía, Luis de Guindos, al afirmar que el rescate no afectaría al déficit e intentó vender como positivo un rescate que Rajoy negó hasta el último día.
Pero el Presidente del Gobierno también mareó la perdiz con eufemismos, con expresiones del tipo "es una línea de crédito" o "un apoyo financiero" cuando, en realidad, es un rescate al cuál tiene que responder el gobierno español. El intento de evitar lo inevitable es otro síntoma de debilidad pero, sobre todo, de menospreciar a una sociedad que necesita conocer la verdad en un momento de crisis económica como el que estamos viviendo.
Es difícil de creer que en el entorno de Rajoy nadie, absolutamente nadie, le dijera que el sábado tenía que comparecer, dar la cara tras la decisión de pedir un rescate a la UE. Es un error que el presidente de un gobierno ni puede ni debe permitirse, sobre todo porque se trata del día más importante desde que está al frente de un país.
Lo más preocupante es reconocer la falta tras ver la reacción de la sociedad. Un dirigente no se puede permitir el lujo de actuar a posteriori, porque demuestra debilidad, falta de liderazgo y de ideas y ausencia de tacto. Desgraciadamente estamos acostumbrados a ver cómo un presidente se mueve por intereses personales y no de gestión de lo público y, por lo tanto, de actuar pensando en los ciudadanos y ciudadanas.
A pesar de que no es la primera vez que Rajoy se esconde, sí que es sorprendente que lo repita, sobre todo si hace pocos días recomendó a los periodistas que ante cualquier duda le preguntasen a él. Lo tienen complicado si sus comparecencias son escasas. Algunos atribuyen su ausencia a una estrategia meditada en la que lo importante es primero trabajar y luego explicar. A la sociedad, sin embargo, le es difícil entender esta teoría cuando lo que quiere son respuestas rápidas a determinados hechos.
La comunicación de un gobierno no es sólo qué decir y cómo decirlo. También son los gestos y las actitudes. ¿Qué conclusión podemos sacar de un presidente que ante la situación que está viviendo España decida irse a Polonia para ver a la selección española de fútbol? ¿Fue adecuado ese viaje? ¿Nadie le dijo que no fuera porque no tocaba? ¿Cree Rajoy que el trabajo ya estaba hecho y por eso se podía marchar?
Una de las cosas que no se puede permitir un gobierno es contradecirse y marear la perdiz. Rajoy consiguió reunir estas dos palabras en su comparecencia sobre el rescate. Se contradijo en dos aspectos fundamentales: desautorizó a su ministro de Economía, Luis de Guindos, al afirmar que el rescate no afectaría al déficit e intentó vender como positivo un rescate que Rajoy negó hasta el último día.
Pero el Presidente del Gobierno también mareó la perdiz con eufemismos, con expresiones del tipo "es una línea de crédito" o "un apoyo financiero" cuando, en realidad, es un rescate al cuál tiene que responder el gobierno español. El intento de evitar lo inevitable es otro síntoma de debilidad pero, sobre todo, de menospreciar a una sociedad que necesita conocer la verdad en un momento de crisis económica como el que estamos viviendo.
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Más recortes y más miseria
La política de los recortes, obligada desde la UE y, por tanto, por Alemania, es la decisión que han adoptado el Gobierno de Mariano Rajoy y las Comunidades Autónomas. Las consecuencias son horribles, sobre todo en lo que respecta a áreas tan fundamentales como la educación, la sanidad, la investigación y el desarrollo.
Sin embargo, parece ser que no sea una cuestión importante para el PP, que gobierna en mayoría absoluta. Esta semana hemos podido escuchar, por ejemplo, en boca de Carmen Vela, secretaria de Estado para I+D, que sobran científicos en España. Ante este tipo de declaraciones, es evidente que a los gobernantes actuales no se les pasa por la cabeza cambiar la tendencia, pararse a respirar, pensar, creer que los recortes no nos llevan a ningún sitio.
Sin ser un experto en economía, mi análisis es el siguiente. Si los ciudadanos cada día disponen de menos dinero para gastar, ¿cómo va a crecer un país? Si, además, tenemos en cuenta que el problema de España es la deuda privada y no la pública, ¿por qué no se llevan a cabo medidas para fomentar el crecimiento a través de la investigación, el desarrollo, la educación?
Con sólo ver los datos relativos al número de españoles que han emigrado en los últimos años, se podría hacer un análisis pormenorizado de los problemas que existen y de las posibles soluciones. Últimamente entre los amigos y la familia sólo hablamos de la actual situación, con expresiones como las de mi abuela que ha llegado a decir que "de nada ha servido nuestro esfuerzo porque hemos vuelto a los años de la posguerra, donde muchos tuvieron que buscarse la vida fuera para poder vivir".
Lo más traumático es escuchar, leer y ver casos de jóvenes que han tenido una buena formación y que no tienen oportunidades para desarrollar sus conocimientos. Pero también el de personas no tan jóvenes que tienen su especialización, sus años de experiencia y que han visto truncada su carrera por una simple política de reducción de costes.
Las redes sociales son fundamentales para conocer el estado de cosas existente. Cada vez son más los españoles que tuitean o escriben en su muro de Facebook desde otro país, ya sea porque han encontrado un trabajo y se sienten unos privilegiados o porque han ido a probar suerte. La única diferencia de la posguerra a ahora es la comodidad para viajar a otro destino. Pero el fondo, desgraciadamente, es el mismo.
Sin embargo, parece ser que no sea una cuestión importante para el PP, que gobierna en mayoría absoluta. Esta semana hemos podido escuchar, por ejemplo, en boca de Carmen Vela, secretaria de Estado para I+D, que sobran científicos en España. Ante este tipo de declaraciones, es evidente que a los gobernantes actuales no se les pasa por la cabeza cambiar la tendencia, pararse a respirar, pensar, creer que los recortes no nos llevan a ningún sitio.
Sin ser un experto en economía, mi análisis es el siguiente. Si los ciudadanos cada día disponen de menos dinero para gastar, ¿cómo va a crecer un país? Si, además, tenemos en cuenta que el problema de España es la deuda privada y no la pública, ¿por qué no se llevan a cabo medidas para fomentar el crecimiento a través de la investigación, el desarrollo, la educación?
Con sólo ver los datos relativos al número de españoles que han emigrado en los últimos años, se podría hacer un análisis pormenorizado de los problemas que existen y de las posibles soluciones. Últimamente entre los amigos y la familia sólo hablamos de la actual situación, con expresiones como las de mi abuela que ha llegado a decir que "de nada ha servido nuestro esfuerzo porque hemos vuelto a los años de la posguerra, donde muchos tuvieron que buscarse la vida fuera para poder vivir".
Lo más traumático es escuchar, leer y ver casos de jóvenes que han tenido una buena formación y que no tienen oportunidades para desarrollar sus conocimientos. Pero también el de personas no tan jóvenes que tienen su especialización, sus años de experiencia y que han visto truncada su carrera por una simple política de reducción de costes.
Las redes sociales son fundamentales para conocer el estado de cosas existente. Cada vez son más los españoles que tuitean o escriben en su muro de Facebook desde otro país, ya sea porque han encontrado un trabajo y se sienten unos privilegiados o porque han ido a probar suerte. La única diferencia de la posguerra a ahora es la comodidad para viajar a otro destino. Pero el fondo, desgraciadamente, es el mismo.
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No se enteran: estamos cambiando de sistema
A estas alturas creo que determinados partidos políticos no saben o no han entendido que el sistema de cosas está cambiando y que no sabemos hacia dónde nos dirigimos. Lo preocupante es que sean ellos, los políticos, los que estén tomando decisiones sin saber que, efectivamente, estamos evolucionando hacia una nueva era.
¿Capitalismo? ¿No pensáis que la definición de capitalismo está ya superada? El capitalismo, como tal, vino, se reprodujo y acabó. Durante un determinado tiempo muchos (aunque no la mayoría) se beneficiaron de un sistema bautizado como democrático y libre.
El tiempo ha demostrado que sí, que ha sido muy liberal pero nada democrático. La oligarquía financiera y económica ha hecho posible que el sistema capitalista se haya convertido en un sistema opresivo, injusto y manipulador. A ello también han contribuido los grandes partidos, que se han sentido muy cómodos al lado de los bancos y de los empresarios.
El otro día tuve una conversación muy interesante con el director del periódico digital Valencia Plaza, Cruz Sierra (https://twitter.com/#!/cruzsierra_), al hilo de lo que estaba ocurriendo con Bankia y la posible indemnización que podía tener uno de sus consejeros, Aurelio Izquierdo .
Todos nos hemos indignado con la posibilidad de que este señor cobre 14 millones de euros de indemnización después de la mala gestión de Bankia (en su caso todo lo relacionado con Bancaja). Pero como bien me recordó Cruz Sierra, este tipo de indemnizaciones son las habituales en el actual sistema, es decir, que otros directivos y consejeros ya han cobrado esa cantidad de dinero, pero hasta ahora nadie lo había criticado porque en los últimos años la gente no se preocupaba por esas cosas.
Es cierto. En momentos de bonanza económica (un término que odio, porque debería suponer que todos nos beneficiábamos y no fue así) la sociedad se ha interesado por otros aspectos y no ha sido capaz o no ha querido pensar que el sistema nos estaba llevando a un camino sin salida, a pan para hoy y hambre para mañana. Me estoy refiriendo, por supuesto, a esa clase media que en muchos casos ha dejado de serlo.
Los datos del paro, la situación de la economía española, las decisiones tomadas por el Gobierno de Rajoy y por determinadas CCAA, el hecho de que no se intente cambiar la estructura para fomentar el crecimiento, para invertir más en educación, en investigación y desarrollo...nos hacen creer que la clase política sigue sin enterarse que el capitalismo está muerto, que un sistema no puede basarse ni depender del poder económico de los bancos y, sobre todo, tener autoridad en una UE que está supeditada a los intereses y opiniones de una señora llamada Angela Merkel.
Reivindico la educación pública y de calidad
Recuerdo cuando llegué al instituto. Era 1990. Mis padres me habían comentado si quería estudiar en Denia, en la pública, o si prefería irme a Cheste porque decían que allí salías mejor preparado para la universidad. Yo dije que prefería ir a la pública y les pregunté: ¿cómo sabéis que los profesores de Cheste son mejores que los de Denia? ¿Acaso no estáis contentos con el nivel que hemos tenido en el colegio de Ondara?
De hecho, creo que mis compañeros y compañeras que salimos del colegio público de mi pueblo estábamos bien preparados para dar el salto al BUP, un salto abismal porque la diferencia y la exigencia era muy alta, sobre todo a la hora de adaptarse al primer curso. En ningún momento, durante los años del EGB, tuve la sensación de tener malos profesores, de no estar aprendiendo o de estar perdiendo el tiempo.
Mi época del instituto también fue buena. Tuve la suerte de ir a un instituto público con un buen profesorado. Tampoco tuve la sensación de no estar aprendiendo o de que el sistema no funcionara.
LA UNIVERSIDAD
Casualidad o no, lo cierto es que el peor momento lo pasé en la Universidad. Me decidí por periodismo porque era lo que me gustaba, pero tenía un problema. En el País Valencià sólo existía el CEU San Pablo. Lo comenté a mis padres porque yo no quería ir a la privada y no pretendía que ellos hicieran un esfuerzo extra para que yo estudiara. Les dije que existía la posibilidad de estudiar en Barcelona o Madrid, pero ellos ya habían sacado números y contestaron que no, que resultaba mucho más caro.
Tengo que reconocer que estudié la carrera con presión. Constantemente recordaba que estaba en la privada, que no podía hacer el tonto y que tenía que aprobar para no pagar más dinero. A esto se unió el hecho de que parte del profesorado era bastante incompetente, en el sentido de que impartían asignaturas sin haber tenido experiencia. Por ejemplo, no era posible que un profesor diera televisión o radio sin haber trabajado en esos medios. Curiosamente, los mejores docentes fueron los relacionados con Historia.
LA ACTUALIDAD
Hoy, 22 de marzo, todos los sectores de la educación han decidido hacer huelga en contra de los recortes del Gobierno de Rajoy y de las distintas CCAA que también van por ese camino. Hoy recuerdo todo lo que acabo de escribir en este post. Recuerdo que la educación pública es fundamental para el buen funcionamiento de la sociedad, para la formación de la persona, y que para nada una institución privada puede garantizarlo más y mejor que una pública.
La educación no puede ser objeto de negocio, porque es uno de los pilares básicos de la democracia. No se puede tratar a la educación como algo prescindible, como algo que hoy puede ser recortado para equilibrar la balanza. Ni siquiera sería motivo de recortes si la educación fuera la verdadera culpable de la crisis (que no es el caso).
La comunidad educativa ha dicho basta, ha alzado la voz para quejarse, para decir que los recortes en educación son antidemocráticos, que la educación tiene que mejorarse día a día y no perjudicándola, que es inversión y no gasto, que todos los esfuerzos deben ir encaminados a tener un sistema educativo apto para todos y todas, independientemente de su religión, cultura o capacidad económica.
Por eso digo que hoy, 22 de marzo, más que nunca, reivindico una educación pública y de calidad, y pido que Rajoy y su Ministro de Educación recapaciten y den un paso atrás a sus recortes.
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La no comunicación como arma política
El silencio está de moda en la política española. De hecho, en los últimos días han aparecido una serie de artículos de opinión que analizan la situación. En todos los casos se refieren al silencio del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y si ese silencio le conviene o no en un momento de crisis como el que estamos viviendo.
Más allá de la cuestión política, lo que me interesa es relacionar ese silencio con lo que nos encontramos en pleno siglo XXI. Es decir, si el silencio de Rajoy, si el hecho de que no explique claramente lo que se está haciendo cabe en un sistema en el que las redes sociales se están convirtiendo en el motor de una ciudadanía que necesita expresar, contar lo que le rodea.
El silencio en política se puede interpretar como no comunicación. Algunos también lo podrán identificar como reconocimiento de un hecho. En el caso de Rajoy, nos encontraríamos con una intención de no querer comunicar y que sean los ministros quienes lo hagan.
Si tenemos en cuenta que cada vez hay más personas que utilizan las redes sociales para comunicarse, para informarse y para interactuar, es difícil de entender que el presidente de un país haya decidido utilizar el silencio como arma para llevar a cabo sus reformas. La pregunta sería si la decisión ha sido suya o de su gabinete de comunicación. Cualquiera de las dos respuestas serían preocupantes.
La comunicación es fundamental para entender y para entenderse, para comprender, para reflexionar, para explicar. La comunicación ha sido y es una de las herramientas fundamentales para cualquier político, aunque no siempre la han utilizado como debería. ¿Qué mejor situación que la de un gobernante para comunicar lo que se ha decidido? ¿Por qué la comunicación se convierte en miedo cuando se trata de decir cosas impopulares? ¿No creen los gobernantes que si hay una mejor comunicación, sea cuál sea el mensaje, la credibilidad y la reputación puede aumentar?
Algunos gobernantes, como es el caso de Rajoy, no entienden la comunicación si no es para un beneficio personal. Los ciudadanos y ciudadanas ya están hartos de esta situación, y un ejemplo muy claro es la cantidad de mensajes que nos encontramos diariamente en las redes sociales. Ahora todos opinan, todos discuten, todos aportan su granito de arena. Y ellos necesitan que un gobernante esté cerca, que explique realmente lo que va a hacer, lo que está sucediendo y dónde nos encontramos.
Con el silencio, con la huida, el gobernante se aleja más y más de la sociedad, una sociedad que ha cambiado, que ha entendido que debe ser partícipe de las decisiones, que sabe que puede y debe opinar y que puede y debe exigir.
Desde un punto de vista objetivo, es difícil de creer que alguien que tenga una responsabiliad política no vea que la comunicación es necesaria. Eso sí, como ya he dicho, no entendida como algo para su beneficio personal y sí como instrumento necesario para interactuar con el ciudadano. Al fin y al cabo, ellos se deben a sus votantes.
El día que muchos de los políticos y gobernantes entiendan que son servidores públicos y que el diálogo con la sociedad es lo que importa, la comunicación en política tendrá sentido. Lo tienen muy fácil. Las redes sociales permiten que el político y gobernante puedan hablar con sus votantes y con los que no les han votado. La pregunta es si están dispuestos a hacerlo. Algunos lo han conseguido o han entendido que ese es el camino para una mayor credibilidad. Otros, como es el caso de Rajoy, todavía no lo han visto. En su caso es grave, puesto que es el máximo responsable de un país que está muy cerca de la intervención.
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